martes, 8 de octubre de 2019

Nombramientos


“En la Junta de Castilla y León hay más jefes que indios”.  Con esta lapidaria frase, el Sindicato de la UGT criticaba el sensible aumento de altos cargos en el nuevo organigrama del Gobierno presidido por Alfonso Fernández Mañueco. Algo que no nos sale gratis a los castellanos y leoneses, puesto que se pasa de 69 en la anterior Junta a los 80 de ahora, y esto supone un alza cercana al 16%, con el incremento proporcional de los costes en personal de alta remuneración. Choca mucho que, manteniéndose idénticas competencias y acciones de desarrollo, se hayan generalizado las Viceconsejerías en casi todas las Consejerías. Curiosamente, en Presidencia se pasa de 5 a 8. Sin que en ello se advierta una necesidad real, máxime al no disminuirse el número de direcciones generales. La única explicación que cabe es la del reparto de sillones entre los dos partidos, PP y Cs, que han pactado el Gobierno, frente a la lista más votada del PSOE.
Pero, no se queda ahí la cosa ya que la guinda al pastel la ha puesto el propio Presidente Fernández Mañueco al engordar  en 4 el número de sus asesores personales, incluyendo entre ellos a Ignacio Cosidó, quien fuera senador del PP por designación autonómica en anteriores legislaturas, cargo que ahora ocupa Javier Maroto, exalcalde de Vitoria entre 2011 y 2015, recién empadronado en nuestra Comunidad. También Cosidó cobró notoriedad hace un año cuando remitió un mensaje a un grupo de Whatsapp del Grupo Popular en el que afirmaba que su partido tenía controlada la Sala Segunda del Supremo.  El Presidente Mañueco justificó el fichaje del exdirector general de la Policía como un profesional que va a trabajar dentro del ámbito rural en el área de Presidencia.
Así mismo, han sido nombrados como personal eventual, Isabel Hernández Rozas, que estuvo integrada en el Gabinete de Presidencia de las Cortes con Ángel Ibáñez y Aurelia Hernández, que fue secretaria de Mañueco durante su etapa como alcalde de Salamanca. Ante tan numerosos como costosos nombramientos, el líder de la oposición Luis Tudanca, del PSOE, ha puesto el grito en el cielo: -luego dicen que no hay dinero para servicios sociales, cuando están usando los fondos públicos para contratar asesores amigos día tras día y preparar informes subiéndoles los sueldos. “¡Están convirtiendo a Castilla y León en una agencia de colocación!”
José María Martínez Laseca
(3 de octubre de 2019)

martes, 1 de octubre de 2019

¿Otoño calentito?


El paso del tiempo es circular. Así, año significa anillo, cual serpiente que se muerde la cola, simbolizando el mito del eterno retorno.  Se nos ha ido el dionisiaco verano, de sol radiante y culto al cuerpo, y viene el otoño, de mayor recogimiento interior y, por ende, más proclive a la meditación. Es la nueva estación, que da en teñir el paisaje que contemplan nuestros ojos con su paleta de llamativos colores. De un oro amarillo, como se advierte en las hojas caducas de los árboles, del ocre terroso por las geometrías que dibujan los extensos labrantíos y de un rojo vivo en el puntillismo de las bayas de algunas frutas del bosque: fresas, moras, frambuesas, endrinas, grosellas y majuelos. El otoño nos trae también sus aromas y sabrosos sabores gastronómicos. Con un amplio surtido de hongos y de setas, integrantes del reino Fungi, que animan los rituales gastronómicos por bares y restaurantes. Y es tiempo de vendimiar los racimos de uvas de los viñedos  para obtener el vino generoso que regará las bocas.
Llega la época de berrea. Cuando los ciervos y los corzos braman, reclamando a las hembras en periodo de celo y disputándoselas entre los machos pretendientes. Y cuando las aves migratorias parten hacia las zonas más templadas donde pasar el invierno. El cambio climático ha difuminado las lindes de las cuatro estaciones. De ello traen causa muchas migraciones o huida de personas que se desplazan hacia el norte. Precisamente, Naciones  Unidas ha celebrado en Nueva York la cumbre del clima, donde cerca de 70 países se han comprometido a recortar sus emisiones. Aunque deberían pasar sus pactos a leyes. Si bien, algunos de los más importantes, como Estados Unidos, China e India, se llaman a andana. Por eso, la sueca Greta Thunberg, junto con otros activistas juveniles, les echa en cara tanta irresponsabilidad y dejación.
Otoño, calentito, con las nuevas Elecciones Generales del 10-N. No se sabe qué impacto electoral –de convertir los votos en escaños en las 52 circunscripciones– tendrá la irrupción de nuevos actores o coaliciones. ¿Quién se los va a quitar a quién? El fracaso de un acuerdo PSOE-Podemos ha generado cierta desilusión. Y el PP tan afectado por la corrupción (a la que tilda eufemísticamente de falta de ejemplaridad pública) pretende sumar con Cs y Vox. Hay quien dice, con razón,  que el otoño es un estado de ánimo. Un tiempo de emociones.
José María Martínez Laseca
(26 de septiembre de 2019)

Mirarnos en el espejo


Con eso de los teléfonos móviles –que ya posee todo quisqui–, resulta de uso corriente su cámara fotográfica para hacerse un autorretrato o selfie. Acaso, más de un modo narcisista, que para analizar en detalle sus rasgos personales. Para este otro cometido aplicamos lo de mirarnos en el espejo. Y en tal sentido de ver reflejado nuestro auténtico rostro y nuestra peculiar manera de ser, cabe remitirse al meritorio trabajo, realizado por la Fundación BBVA, titulado: Estudio Europeo de Valores 2019. Se ha elaborado en estos cinco países: Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España. Y su objetivo consistió en evaluar las actitudes de su población adulta para identificar –dado que los europeos no somos todos iguales– lo que tenemos en común y aquello que nos diferencia.  
            Así, en lo concerniente a la ideología: los españoles somos más de izquierdas, en general, que los otros cuatro países y nos interesan mucho más las cuestiones internacionales, económicas, la ciencia, la medicina y la salud que la política, por la que se da una fuerte desafección social. Aquí, políticos, banqueros, curas y empresarios son, por este orden, los que menos confianza nos inspiran. De los políticos se dice que “van a lo suyo”. Tampoco los periodistas salen bien parados, ya que figuran a continuación de los subgrupos profesionales citados. Empero, preferimos los medios de comunicación convencionales (radio, prensa y televisión) frente a las redes sociales, a la hora de informarnos de forma veraz y objetiva. Máxime, en estos tiempos que corren de bulos y mentiras.   
            Respecto a la situación económica, nosotros somos más pesimistas (y se anuncian nubarrones). Únicamente el 20 % la ve bien, frente al 38 % de la media. Somos poco dados al asociacionismo y a la implicación en la esfera pública. No confiamos especialmente en los otros y participamos mucho más en huelgas y manifestaciones.  Pensamos que aún hay tiempo para revertir el desafío del cambio climático  y somos el país más solidario a la hora de acoger a emigrantes y refugiados si hay trabajo. Y creemos que es el Estado quien debe garantizar el bienestar de los ciudadanos, sobre todo en lo concerniente a la salud y las pensiones, aunque mostramos nuestras dudas de que controle los precios, los salarios y los beneficios de las empresas.
José María Martínez Laseca
(19 de septiembre de 2019)

sábado, 14 de septiembre de 2019

El Cid cabalga


Sabido es que el Cid (señor, en árabe) es una figura destacada en el proceso de Reconquista de la península ibérica. Que existió realmente en el siglo XI, con el nombre de Rodrigo Díaz (Vivar (Burgos), 1048?-Valencia, 1099). Fue el infanzón castellano que llegó a dirigir su propia mesnada de fieles guerreros de forma autónoma, sin depender de ningún rey. Se le apodaba el Campeador por su destreza en las batallas campales. Y, como mercenario, ofreció sus servicios profesionales al mejor postor, ya fuera este cristiano o moro. Conquistó por su cuenta la ciudad de Valencia en 1094 y la custodió hasta su muerte, reteniéndola después su esposa Jimena hasta 1102, en que volvió al dominio musulmán.
Pero, su otra faceta más difundida es la que construyó, pasados los cien años, la leyenda. La del “buen vasallo si hubiese buen señor”. Del caballero voluntarioso y valiente, defensor de su honra, buen esposo y buen padre de familia. (Elevándolo más tarde a la categoría de héroe nacional. De la Castilla que hizo a España). Siempre los hombres han necesitado de seres superiores en los que confiar. Y la figura del Cid Campeador se vio agigantada para que sirviera de ejemplo. Propagándola. Así, el “Cantar de  mío Cid” sería una suerte de arenga para que las gentes se implicaran en la cruzada contra los invasores. Sabemos que el copista fue un tal Per Abbat, al que Timoteo Riaño ubicaba en Fresno de Caracena. Y su principal estudioso, Ramón Menéndez Pidal, atribuyó su autoría a dos juglares sorianos: el uno de Medinaceli y el otro de San Esteban de Gormaz.
            Ahora, el Cid se ha puesto de moda. Por una parte, porque, tras “una vida azarosa”, el códice original del “Cantar de mío Cid” (s. XIV) se exponía por primera vez al público, a primeros de junio, en la Biblioteca Nacional. Y hasta el escritor Arturo Pérez Reverte se ha metido en su piel para escribir su novela “Sidi”. Y por otra, que también nos toca muy de cerca, porque Amazón Prime está rodando una serie para televisión con el Campeador como protagonista. Una suerte de “Juego de tronos”. Donde se potencian escenarios paisajísticos y monumentales de nuestra provincia y que cuenta con muchos sorianos como extras. Así, vemos con Manuel Machado que: “Por la terrible estepa castellana, / al destierro, con doce de los suyos / -polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga”. Ganando otra batalla, después de muerto. 
José María Martínez Laseca
(12 de septiembre de 2019)

Panorámica

Tras concluir agosto, volvemos a la rutina de los trabajos y los días. El paréntesis vacacional nos ha permitido visibilizar como la Soria vaciada se rellenaba de gente, temporalmente, por nuestros pueblos. Difuminado el hechizo, en lo cotidiano tornamos a ser súbditos del triunvirato imperante: dinero, política y deporte. En este último ámbito, porque ya ha comenzado la adictiva liga de fútbol. El deporte-espectáculo, cual bálsamo de fierabrás. Una modernización del “pan y circo” romano, que proveía a la masa de alimentos de baja calidad y de entretenimiento con criterios asistenciales. Bien se sabe que “en el mundo de hoy no hay mayor pecado, / que el de no seguir al abanderado”. A fin de cuentas, ya están quienes cavilan y deciden por nosotros. Pensar por tu cuenta y comprometerte podría acarrearte una mala reputación.
       En cuanto a la economía (o dinero) globalizada, nos mosquean, entre otros, la guerra comercial entre EEUU y China y la desaceleración en Alemania. Por si acaso nos adentráramos en una nueva recesión mundial. En España, negativo lo laboral, por la temporalidad, con 54.371 parados más, subiendo la cifra a los 3.065.804. Ha ido mal en todas las autonomías, menos en la nuestra de Castilla y León, donde mejora en 6 personas. (Así que esta vez estamos por encima de la media y del calcetín). Son necesarias, pues, más políticas activas de empleo para reciclar las capacidades de todos aquellos que aspiran a conseguir un trabajo. Preocupan, por ende, el descenso de la venta de coches en un 30% y la menor afluencia de turistas, sobre todo de ingleses y alemanes. 
       También, el inicio del curso político se encuentra sumido en la incertidumbre. Con el pretendido Brexit salvaje de Boris Johnson en el Reino Unido, los ultra que suben en las votaciones de Alemania o la curiosa alianza contra Matteo Salvini en Italia. Mientras tanto, por aquí continúa el bloqueo político a la investidura de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno. Deshojando la margarita de Unidas Podemos, que no suma bastante. El resultado final evitará o precipitará unas nuevas Elecciones Generales. Ello con el inminente fallo del juicio del procés. A lo que se añade ahora la imputación a tres expresidentes de la Comunidad de Madrid (Aguirre, González y Cifuentes), por presunta financiación ilegal del PP. Hay mucho en juego. Suspense y emoción no van a faltar. 
José María Martínez Laseca
(5 de septiembre de 2019)

viernes, 30 de agosto de 2019

Las fiestas de los pueblos


Es agosto, en plena canícula veraniega, el que concentra más fiestas patronales de todo el año. En muchos de los pueblos de nuestra provincia estas se han visto trasladadas de su fecha de celebración tradicional, precisamente, porque es en este mes cuando gran parte de aquellos que otrora emigraron del campo a la ciudad, ahora regresan a su pueblo, a su Ítaca, a su casa y a sus padres, para disfrutar de las vacaciones. Toda fiesta es un tiempo de encuentro, de comunicación. De ruptura, por lo que comporta de sagrado y de excepción. Tiene la propiedad mágica de cambiar el mundo. Supone un periodo de tregua y escape de la rutina cotidiana que oprimen al individuo integrado en la sociedad.
Es lógico relacionar a las fiestas de nuestros pueblos con el calendario agrícola, dado que en nuestra economía provincial han primado secularmente la agricultura, la ganadería y la selvicultura. De este modo, es el ciclo de las estaciones del año, desde la decadencia otoñal al renacimiento primaveral, el que ha dado origen a los ritos, cuyo objetivo es no solo simbolizar, sino también evocar esas fases que se repiten con regularidad. Dichos ritos suelen enlazarse con el mito de una diosa que encarnaría la vegetación y que, como ella, también muere y resucita. Cual la luna. Entre sus ofrendas el toro, antes siempre presente en todas aquellas fiestas que se preciaran de serlo, y cuyo sacrificio se realizaba para invocar las fuerzas renovadoras de la naturaleza y de la vida humana. Es uno de los ritos más antiguos. Este rito de salvación pervive en el acto de la misa del cristianismo, que representa el sacrificio real de Cristo Salvador, ya que cuando el momento de la eucaristía se pronuncian sobre el pan y el vino las palabras de la consagración, estas sustancias pasan a ser el cuerpo y la sangre de Cristo.
Las fiestas de nuestros pueblos concentran las mayores y mejores manifestaciones del folklore o sabiduría popular. Tales como los juegos, la música, la vestimenta, la alimentación, la bebida, las danzas, etc. Lo que se practica en el rito festivo es lo que se relata en el mito. La fiesta es, pues, la representación de un mito o relato por la que el pueblo que la celebra se cuenta y se canta a sí mismo. Para definirse en su modo de ser y de vivir. De ahí las fiestas populares como señas de identidad inequívocas. Que brindan porque la vida siga igual: “de hoy en un año” o “a otro año”.
José María Martínez Laseca
(29 de agosto de 2019)

Volver a Monteagudo de las Vicarías


Desde el corazón mismo de Soria, pasadas las 6 h. de la tarde del 17 de agosto, partimos en coche hacia la villa de Monteagudo de las Vicarías. El buen amigo e historiador Antonio Ruiz López, que tiene allí su cuna y sus raíces, va al volante. Marcha por la autovía A-15 en dirección Madrid. Tras dar la espalda a Almazán, toma el desvío y avanza por la carretera local 116, que se abre paso entre tierras de labor de Morón, Alentisque y Valtueña. Quema el sol y el aire abrasa, como en el poema Castilla de Manuel Machaco. Son 73 km y menos de una hora de viaje.
Al llegar, tomamos un café en el único bar abierto. Tres fotografías en una de sus paredes, por su visión cenital, asemejan los viejos planos hechos por un cartógrafo. Cual hermosas postales. En ellas se advierte perfectamente la apretada urbe, que se alza sobre la meseta de un pequeño cerro o muela. También los restos de lo que fue la muralla que abrazaba en su recinto a la mayoría de casas, dejando fuera unas pocas que constituían su arrabal. Llegó a tener 900 almas a principios del s. XX y ahora no alcanza las 200. Con su alcalde, Carlos González, trepamos a pie la cuesta. Recorremos su calle principal. Un azulejo recuerda a los muertos por el cólera de 1855. Vemos su arco apuntado y almenado que era su puerta principal de acceso. Su plaza mayor congrega una voluminosa iglesia, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Muela y el castillo medieval de los Hurtado de Mendoza, ambos del s. XV. Monteagudo, en la raya con Aragón rezuma historia de reconquista por todos sus poros. Aquí se concertó en 1291 el casamiento entre Isabel, hija de Sancho de Castilla, y el rey Jaime de Aragón que se verificó en la ciudad de Soria. Además, en su lugar de Valdeabejar se ubicó el monasterio del Císter, que después se trasladó a Santa María de Huerta. De tradición agrícola y ganadera, siempre se ha asociado a Monteagudo con su embalse, que recoge las aguas de los ríos Nágima y Recajo, pionero entre las obras hidráulicas modernas de España (1863). Regadío y turismo abrirían, pues, puertas a su porvenir.
Yo he vuelto a Monteagudo para hablar a sus gentes de Antonio Machado. De su libro Campos de Castilla. Con sus dos imperativos: esencialidad, que da primacía a la vida sobre la imaginación y temporalidad que obliga al poeta no a transmitir la idea del tiempo, sino la emoción del tiempo. Del milagro de la poesía.
José María Martínez Laseca
(22 de agosto de 2019)