viernes, 14 de junio de 2013

El hambre acecha

Querido diario: el tiempo anda revuelto. Nubosidad variable, dice el telediario. Negras babosas salen al camino. Lluvia y sol se turnan a mi paso, junto al Duero. En Centroeuropa, Danubio y Elba van crecidos. Como Arga y Ebro por Navarra. Con el agua al cuello. El campo verdecido. Naturaleza exuberante. Pero crecen al par las malas hierbas. Todo es imprevisible. Una buena primavera no garantiza una buena cosecha. El cambio climático es junto con la pobreza el primer riesgo de este siglo XXI, advierte algún oráculo. Ambas cosas suceden también a nuestro lado. Aquí, en esta España, camisa blanca de mi esperanza.
Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados, al igual que Quevedo. Tras el “a todo vicio”, se agiganta el gran drama del paro. Aumentan las desigualdades. Las tasas de pobreza. Y el hambre acecha a las familias. Se ceba con la infancia, que es la más vulnerable. Quién nos lo iba a decir. Niños que se duermen en clase faltos de desayuno, que tal vez no han cenado siquiera. Que comen pan con pan simulando un bocata, encubriendo vergüenza. Que en la basura buscan algo que llevarse a la boca o a su casa para sus propios padres, cual Lazarillo de Tormes con su amo el escudero. Para poder comer, sin pedir caridad. Sí, porque los pilares del Estado de Bienestar se están demoliendo de forma controlada por el Partido Privatizador (PP). Los cínicos nunca hacen nada que vaya en contra de su propio beneficio, a lo sumo se coaligan con otros que tengan intereses coincidentes. Enturbian lo social con lo comercial. Tras pinchar el ladrillo, ahora los tiburones van a por la sanidad y a por la educación. La tan cacareada competitividad no es sino más explotación. Juntan a doce sabios por tener coartada y recortar las pensiones. ¿Por qué con tanta urgencia?
Si esa es la solución, ¿por qué no otros tantos sabios por solventar el paro? Si Rajoy va diciendo algo que me recuerda aquel anuncio de la medalla del amor. Eso sí, a la gallega: este año estamos mejor que el pasado año y el año que viene estaremos mejor que este año. Fijémonos bien. No nos ciegue la mente el triunfo de Nadal. Ni el caso tan sonado del falso monje shaolín.
José María Martínez Laseca
(13 de junio de 2013)

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