martes, 16 de mayo de 2017

Moncayo, traidor...

El Collado, o calle más transitada de la ciudad de Soria, supone un punto de encuentros reiterados y de conversaciones de aquí te pillo sobre temas variopintos. En uno de esos cruces casuales con mi amigo Ángel de Vera, este me sugirió una excursión a la parte más oriental de nuestra provincia, rayana con Zaragoza. No en vano es “Soria -barbacana hacia Aragón, en castellana tierra-“. La efectuamos el pasado sábado 6 de mayo. Su objetivo era conocer sobre el terreno el medio físico y patrimonio natural de Ágreda y su entorno. Convocaba la Sociedad Geológica de España, que, de un tiempo a esta parte, viene acometiendo este tipo de actividades divulgativas con el fin de informar y sensibilizar sobre la importancia de mantener nuestro patrimonio geológico. Unos doscientos nos juntamos a las 9,30 h. de la mañana en el quiosco del parque de la Dehesa de la villa.
Varios profesores de la Universidad de Alcalá de Henares, con Antonio Sastre Merlín al frente, y la ayuda de otros colegas de nuestros Institutos, dirigían las operaciones. Establecieron tres grupos, conforme al grado de dificultad del trayecto a recorrer. En sesiones de mañana y tarde. Comenzamos en la misma dehesa, viendo sus humedales y el efecto hidrológico de vasos comunicantes. Desde aquí, continuamos una suerte de “sendero del agua”. Larga caminata, descendiendo por el encajamiento o Cañón del Río Val, por donde el agua subterránea procedente de la imponente mole vigilante del Moncayo, todavía con algunos jirones de blanca nieve, emerge a la superficie en fuentes, manantiales o ríos. La superposición de capas sucesivas de musgos y cristales de calcio forma la roca llamada de toba o travertino. Un interesante paisaje con cuevas, galerías y cascadas como la del Pozo de las truchas. Luego vendría el duro ascenso, y el merecido descanso con la comida.
Por la tarde, nos desplazamos hasta la mina Petra, de oligisto, en Ólvega, inundada de agua. Y después hacia Cueva de Ágreda, donde culminamos este “aprender a mirar para ver” con las dos torcas de “La Similla” y “La Simonda” en medio del páramo calizo. El gran trasvase de caudal subterráneo operado desde la cuenca hidrográfica del Duero a la del Ebro se refrenda en el dicho: "Moncayo traidor, / que haces pobre a Castilla / y rico a Aragón".
José María Martínez Laseca
(12 de mayo de 2016)    

domingo, 7 de mayo de 2017

Final programado

No es lo mismo que la sala principal del Centro Cultural del Palacio de la Audiencia de Soria ofrezca una exposición individual, a que lo haga con otra de carácter colectivo. O dicho de otra manera –parafraseando aquí el modo de expresarse del Presidente del Gobierno M. R.– es muy distinto, muy diferente. Por desgracia, esta última fórmula no es algo frecuentado y de ahí el valor que cumple aplicársele en primera instancia. Ello, por la sencilla razón de que siempre resulta más complicado poner a unos cuantos de acuerdo para acometer un proyecto en común que hacer lo de Juan Palomo.
      El caso a que aquí me estoy refiriendo no es otro que el de la muestra convocada bajo el reclamo: “Obsolescencia. Final por principio”. Ha sido realizada por una cooperativa soriana integrada por fotógrafos, artistas plásticos y escritores, la que ya en el deslinde entre 2015 y 2016 nos ofreciera su entrega: “Desde ninguna parte para nadie. El espectador expectado”. Y en esta ocasión su amplia nómina es esta: Sonia Almoguera, Charo Bravo, Francisco de Asís, Lucas Caraba, Roberto Rivera Solano, Santiago Farizano, Susana Gaitán, Julián de la Llana del Río, Gregorio Gonzalo, Javier Loza, César Millán, Encarna Mozas, Concha Ortega, Fermín Herrero, Alejandro Plaza, Luis Alberto Romero, Miriam Tello, Ramón Siscart, Rubén Romero Pascual y José María Martínez Laseca. De ella se desprende el otro mérito añadido, el de la calidad de lo expuesto. Y para comprobarlo, lo mejor es acudir a contemplarla, pues todavía hay tiempo hasta el 18 de mayo. Todo gira en relación con a obsolescencia programada, o lo que es lo mismo, la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo. Porque de la sociedad de consumo se trata. Del “Comprar, Tirar, Comprar. Pirámide de residuos” de la sociedad actual, cual mostraba un documental de TVE-2. Locuciones tan habituales como “modelo de desarrollo sostenible” (1985), “Vertedero de residuos electrónicos” (2005) o “Alternativas a la Sociedad del Crecimiento” (2009) van claramente asociadas.
      Pero este fanal o maleficio ¿es algo que atañe tan solo a las máquinas? Reflexionemos tarareando la letra de esta canción de Jarabe de Palo: “Ahora que solo ahora / es lo único que tengo. / Ahora en que solo me queda esperar / a que llegue el ahora”.
José María Martínez Laseca
(4 de mayo de 2017)

Sobre el Guernica

      El lunes 26 de abril de 1937, en plena Guerra Civil Española (1936-1939), aviones de la Legión Cóndor descargaron sus bombas sobre Guernica, atemorizando a la población civil y prendiéndola en llamas. No había allí depósitos de armas, tampoco tropas acuarteladas, ni suponía una posición estratégica, por lo que carecía de relevancia. Y, pese a todo, la atacaron. Fue un ensayo de lo que serían los espantosos bombardeos durante la 2ª guerra mundial. Franco quiso ocultar el crimen, pero los corresponsales de guerra convirtieron a la capital vasca en mártir.
      En nombre del Gobierno de la Segunda República Española, el Director General de Bellas Artes, Josep Renau, encargó a Picasso creara una obra al respecto. Este pintó un cuadro contra aquella sinrazón, para el Pabellón de la Exposición de París de 1937. Era un óleo de 3,50 x 7,80 m., falto de color, en grisalla o gama de grises, para dejar patente el dramatismo del horror. No hay referencia concreta a aquel bombardeo, por lo que supone un lienzo cargado de simbolismo, con 6 personas y 3 animales (toro, caballo y paloma). Muchos han detectado su inspiración en “Los desastres de la guerra”, tanto el de Rubens como los de Goya. Al final de la Guerra Civil, el Guernica peregrinó por Europa, recalando en el MOMA de Nueva York, donde permaneció hasta el 9 de septiembre de 1981 en que regresaba a España este “último exiliado”, que ahora se exhibe en el Museo de Arte Reina Sofía.
      Mucho antes, en pleno franquismo, el numantino Juan Antonio Gaya Nuño lo había reivindicado. Lo hizo en el Paraninfo de la Universidad Complutense, en noviembre de 1966, durante la celebración del 85 cumpleaños de Picasso. Emilio Moratilla, quien fuera mi profesor de lengua y literatura en el Instituto Machado de Soria, y que lo presenció, me lo recordaba. “Gaya Nuño se puso en pie. Ayudándose de sus manos sarmentosas, alzó la voz para reclamar su devolución a España. Alguien gritó: ¡Gaya, fascista! Silencio. Pero el público reaccionó aplaudiendo la iniciativa de tan magnífico orador. Una señora, sita detrás de mí, le espeto: ¡Miserable! (Era su esposa Concha de Marco)”. Los conflictos bélicos no cesan. Y el Guernica de Picasso, convertido en un auténtico “icono del siglo XX”, sigue clamando contra la barbarie y el sinsentido de las guerras. Por la paz. 
José María Martínez Laseca
(27 de abril de 2017) 

miércoles, 26 de abril de 2017

La Saturiada 2017

            Sabemos en Soria –como nos lo advirtiera Antonio Machado– que la primavera tarda, “¡pero es tan bella y dulce cuando llega!”. Ya hay ciruelos en flor, salen violetas y margaritas blancas entre la fina hierba de las márgenes del Duero. Trigales tiernos en las sementeras. Brotan las hojas nuevas por los brazos de los árboles y hasta las aliagas parecen incendiarse con las amarillas llamaradas de su floración trepando por la ladera de los cerros. Es primavera, la estación en que la naturaleza toda se regenera con el milagro de la resurrección de los muertos. Por eso se altera la savia de las plantas y se nos acelera la sangre en las venas. Y estamos en el mes de abril, que significa abrir. Con un día marcado en el calendario: el 23. Emblemático, por ser la fiesta de Castilla y León, conmemorativa de la batalla de Los Comuneros en Villalar (1521) frente a las tropas del emperador Carlos I. Donde perdimos nuestras libertades y a donde regresamos con intención de recuperarlas y mantenerlas vigorosas. También es la fiesta del libro, recordando las muertes parejas de Cervantes y Shakespeare. Y a esa adición de promoción cultural del libro y fomento de su lectura y la reivindicación de nuestras propias señas de identidad a la celebración del ciclo primaveral, cabe añadirse, además, nuestro peculiar ceremonial de La Saturiada, que este año cumple su quinta edición.
            Se trata de una ruta literaria urbana por las calles y plazas de Soria. Se repite así el andorreo del protagonista del libro de Juan Antonio Gaya Nuño “El Santero de San Saturio” (1953), en su recorrido de petición de limosnas al vecindario. Doce son las estaciones o paradas, donde se procede a la lectura en voz alta de un capítulo de este tarro de esencias, inspirado en su estructura en el Ulises de Joyce. Bien que nuestro paisano extiende a todo un año lo que el irlandés concentró en un solo día. “Mucho debió gozar –dice Gaya Nuño de Joyce– mientras escribió su obra maestra, a la que todos desearíamos aproximarnos en punto a libertad y desparpajo”.
            Si en honor de James Joyce y su “Ulises”, Dublín goza a lo grande con la fiesta del Bloomsday, la ciudad de Soria hace igual cada 23 de abril reviviendo el sueño de Juan Antonio Gaya Nuño con su libro “El Santero de San Saturio”. Ello nos da un sentido a la existencia por esta histórica ciudad castellana del alto Duero.
José María Martínez Laseca
(20 de abril de 2017)

viernes, 7 de abril de 2017

El hueco

De mañana, en helicóptero, llegó la Reina Letizia a la ciudad de Soria. Fue el pasado jueves, 30 de marzo. Revuelo en su recepción por unos 300 sorianos, entre monárquicos y republicanos de diverso pelaje. En su derredor, el cortejo de autoridades nacionales, regionales, provinciales y locales. “Veni, vidi, vici” se dijo la Reina, en su visita oficial  para entregar el Premio Social de la Fundación Princesa de Girona, cuya presidencia honorífica ostenta su hija Leonor de Borbón. Se le otorgó a Miriam Reyes Oliva de la ONG Aprendices Visuales, por su decidida apuesta en pos de la integración en la sociedad de las personas con autismo. Yo me interesé por los fines de la Fundación. Entre otros: “Introducir competencias emprendedoras en las escuelas”, “Crear oportunidades para el desarrollo personal y profesional de los jóvenes”, “Promover su empleabilidad y su movilidad”, “Fomentar vocaciones científicas y tecnológicas” y “Descubrir jóvenes normales que hacen cosas extraordinarias”. Imprescindibles, en los tiempos que corren. Con el gobierno de turno empeñado en negar la esperanza de futuro a nuestros jóvenes. Sin dejarles más salida que exiliar su talento. Cierto es que yo no estuve allí, en las dependencias de El Hueco. Pero, gracias a su gestión, pude seguir la retransmisión (“streaming”) televisiva en directo. Y presté atención a la actividad-concurso: “El gran reto contra la despoblación”, conducido por el catalán Xavier Verdaguer, afincado en Silicón Valley. Este puso a pensar soluciones a tan grave problema provincial a 120 jóvenes, distribuidos en 12 equipos. 100 minutos de reflexión previa y posterior exposición oral de sus conclusiones, en 1 minuto de tiempo. Quedaron dos finalistas, ganando “RepoblARTE” con su proyecto de transformación de productos obtenidos mediante agricultura ecológica, generando desarrollo económico y fijando población en el medio rural. El trabajo en equipo fue la metodología aplicada para generar esas ideas que fueron validadas en su viabililidad y presentadas en público de una manera digna. Cabe por todo ello felicitar a El Hueco, con su presidente Antonio López Calvín al frente. Por su exitosa acogida del evento. Por ser punto de encuentro y ejemplo de canalización de inquietudes y de apoyo al emprendimiento social en Soria. Partiendo de la premisa de que la innovación es una actitud.
José María Martínez Laseca
(6 de abril de 2017)        

jueves, 30 de marzo de 2017

Caja de Ahorros de Soria

Cuando paseo por la céntrica plaza de Mariano Granados –otrora del Chupete– y alzo la vista, veo el enorme edificio de la no ha tanto Sede Central de la que fuera Caja General de Ahorros y Préstamos de la Provincia de Soria, todopoderosa en tiempos de su más conocido director, el bilbilitano Alejandro López Millan (con Don). El inmueble está desocupado y falto de uso, lo que me da que pensar con Antonio Muñoz Molina en “Todo lo que era sólido”. A modo de espejo donde debemos mirarnos. O como diría Zygmunt Bauman: aquella sociedad sólida y segura se nos ha convertido en líquida y sin garantías de ningún tipo.
Rebobino. La Caja de Ahorros de Soria, surgida en el seno de la Real Sociedad Económica Numantina de Amigos del País, se inauguró el 20 de octubre de 1912 (véase mi estudio monográfico en “Campo Soriano” de 20-10-1987). Fue después de que en España el capital extranjero invirtiera en la red de ferrocarriles y los grandes bancos impulsaran el desarrollo industrial, dejándonos aislados y sin fábricas. Pretendía luchar contra la usura y encauzar el ahorro popular en pro del desarrollo de esta provincia agraria.  Como Caja Soria celebró su 75 aniversario, pero no llegó al centenario. Un trasiego la llevaría a desfigurarse tras su fusión, el 11 de mayo de 1991, con Caja Salamanca en Caja Duero y, el 5 de junio de 2010, con la de León en Caja España-Duero. Pero la avaricia financiera con ánimo de lucro en tiempos de la glotona burbuja inmobiliaria, junto a la mala gestión de políticos insaciables, rompería su saco al llegar la crisis económica, yendo a parar sus despojos, desde octubre de 2015, a manos del grupo Unicaja Banco. Lo que se nos prometiera por el Presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, como músculo financiero de Castilla y León ha devenido en flácido, en polvo, en nada. Demasiados desmanes. Cuatro de las seis desaparecidas cajas de la Comunidad, están inmersas en procesos judiciales. Solo se salvan Caja Ávila y Caja Círculo. Mucho es el daño causado, perdiéndose además su solidaria Obra Social. Ahora, Podemos, más Ciudadanos e IU, piden se abra en las Cortes de Castilla y León una comisión de investigación, para depurar las posibles responsabilidades políticas sobre cuanto ocurrió. Luz y taquígrafos. Frente a tan alargada sombra proyectada.
José María Martínez Laseca
(30 de marzo de 2017)

martes, 28 de marzo de 2017

El cerco de Noviercas

Tararearé con mis lectores la canción infantil de “La vaca lechera”, obra de Jacobo Morcillo, al decir: “Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera….” Iba asociada al mundo rural basado en una economía de subsistencia familiar. Porque vacas lecheras las hubo en muchas casas; empero, la zona que se llevaba la palma era la del Valle del Río Razón, conocida como “La pequeña Suiza soriana”. Así, en los pueblos de Sotillo del Rincón y Valdeavellano de Tera, estos rumiantes formaban parte indisociable del paisaje de sus verdes prados. Muchos de sus vecinos se ganaban la vida dedicándose al ganado. Eran otros tiempos Después vino la PAC, con las cuotas lecheras, que hicieron estragos hasta acabar con toda su cabaña. Ahora, si acaso, se ven algunas esculturas de fibra de vidrio con forma de vacas, a modo de añoranza.
            El caso es que sigue corriendo como la pólvora la noticia de la instalación en Noviercas (comarca del Moncayo) de una macroexplotación ganadera que contempla la nada despreciable cifra de 20.000 vacas. Enseguida, los máximos representantes de las instituciones sorianas llamaron a la adhesión incondicional al proyecto, ya que crearía muchos puestos de trabajo, con lo que se fijaría la gente al territorio, contrarrestando el terrible problema de la despoblación que asola toda la provincia de Soria. A la gente le gusta que todos tengan su misma fe. Por lo que recabaron firmas. Sin duda que al acometer el ciclo completo, de producción, transformación (hasta con una quesería en Ólvega) y comercialización, aportaría valor añadido.
            Pero, este tipo de producción láctea industrial, en manos de grandes empresas, repercute directamente sobre el tejido ganadero establecido, al que llevaría a la ruina. Por lo que el debate está abierto entre los partidarios antedichos y los detractores. Estos ya lo han llevado a parlamentos autonómicos afectados y pretenden trasladarlo al Congreso de los Diputados e incluso al Parlamento Europeo, dadas sus consecuencias económicas, sociales, medioambientales y sanitarias. Un acoso tal, que bien se puede nombrar “El cerco de Noviercas”. Sin duda, el acto de mayor repercusión dentro de la celebración del 2.150 aniversario de la caída de Numancia. Ello sin estar programado. Y es que la vaquería de Noviercas, no es una vaquería cualquiera. Tolón, tolón.       
José María Martínez Laseca
(23 de marzo de 2017)