jueves, 18 de enero de 2018

¿Pensar Europa?

Cuando inicié esta columna, la Vicepresidenta del Gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría inauguraba, en el Palacio de la Audiencia de Soria, el encuentro “Think Europe: Compromiso 2030”, un espacio para la reflexión y el debate. No sé qué es lo que les ha movido a traerlo aquí (a este recóndito lugar, aislado, con incomodidades en los desplazamientos), ni tampoco quién correrá con los gastos, además de la FEMP, que un evento de tal calibre (según cuentan) acarrea. (Me dicen que el Gobierno no ha puesto ni tan siquiera un euro). Acaso haya influido sobremanera lo que decía Gaya Nuño respecto a Numancia “donde las ideas se clarifican y se despeja la cabeza, con el fresquillo”. Así sea. Tampoco tengo muy claro el para qué. Me sumo en todo caso, a los más optimistas que aluden a que es desde lo local desde donde se debe pensar en lo universal y no al revés (“Lo global es lo local sin paredes”, escribió Miguel Torga); que esto pone a Soria en el foco internacional, y que demuestra la viabilidad de Soria como ciudad de Reuniones y Congresos, pues durante las jornadas, que se desarrollan del 15 al 19 de este mes de enero, vendrán a hacer parada y fonda hasta 250 líderes locales, que representan a más de 130.000 gobiernos municipales y regionales de Europa. Algunos más conocidos, como el Presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera (a quien parece que le cuesta remontar el Duero), la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena o la Presidenta de la Diputación de Barcelona, Mercé Conesa.
Hoy mismo, arranca el Consejo de Municipios y Regiones de Europa (CMRE) en la reunión anual de su Consejo Político. Habrá bonitas palabras sobre los valores fundacionales europeos de libertad, igualdad y solidaridad entre territorios en aras a la cohesión política. El quid de la cuestión se centra en el papel de los gobiernos locales en la implementación de la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de la Nueva Agenda Urbana aprobadas por Naciones Unidas y asumidas por todos los estados miembros de la Unión Europea. Queda muy guay hacer turismo político por el interior de España. Pero habrá que pasar ya de las musas al teatro. Cumplir con los objetivos que se predican. Realidades. Tratar de manera desigual a los desiguales. Contribuir, en justicia, al desarrollo y progreso de la Soria vacía.
 José María Martínez Laseca
(18 de enero de 2018)

domingo, 14 de enero de 2018

Con mamá o con papá

Recién saltó la noticia de la baja en las filas del PSOE de quien fuera portavoz de su corriente interna Izquierda Socialista José Antonio Pérez Tapias. Más conocido por haber sido uno de los tres aspirantes en el proceso de primarias, del 13 de julio de 2014, a la Secretaria General del PSOE, junto con Eduardo Madina y Pedro Sánchez. Contra pronósticos, se impondría este último. Sin embargo, no prolongaría más allá de dos años su mandato, ya que la rebelión de los barones, ante los malos resultados en las Elecciones Generales de 26 de junio de 2016, bajando a 85 diputados, provocó la renuncia de la mitad más uno de los miembros de la Comisión Ejecutiva Federal, lo que desembocaría en aquel bochornoso Comité Federal del 1 de octubre, que partió al partido en dos y en el que Pedro Sánchez presentó su dimisión, nombrándose una Gestora. (Los militantes socialistas, en nueva confrontación de primarias, del 21 de mayo de 2017, frente a Susana Díaz y Patxi López, repondrían a Pedro Sánchez como Secretario General). Pero aquella voladura calculada de una Ejecutiva no había sido la primera. Contaba con un sonado precedente en el seno del Partido Socialista de Castilla y León. Aquí, con fecha del 30 de mayo de 2014, los descontentos auspiciados por el entonces Secretario de Organización Federal, y anterior máximo dirigente del PSCyL, Óscar López, acometieron la gran dimisión que echó a Julio Villarrubia de la Secretaría General. Sorprendió que las víctimas de tal proceder, al que calificaron de golpista, no lo estimaran igual cuando afectó a Pedro Sánchez.
       Y este fue el revulsivo que impulsó al palentino Julio López Díaz, que lo sufrió en carne propia, a contarnos su caso. Lo hace en la obra “Con mamá o con papá”. Una novela histórico-política, en primera persona y con abundantes diálogos que, partiendo de esa dicotomía maniquea, radiografía las entrañas del PSCyL. Marco Acero es el protagonista, que empatizará con el lector. Un profesor universitario que deja la docencia para implicarse de lleno en la política autonómica de la mano del ambicioso Carlos Amigo, impuesto por Ferraz. La disputa del liderazgo con Rodrigo Moreno le cogerá en medio, arrastrándolo de la ilusión a la decepción. Una lectura que nos atrapa y nos mueve a la reflexión sobre los usos y abusos del ejercicio del poder.
José María Martínez Laseca
(12 de enero de 2016)

jueves, 4 de enero de 2018

Año viejo, año nuevo

El ritual de la ingestión de las doce uvas, en la Nochevieja, siguiendo el ritmo pausado de las doce campanadas, que va dando el reloj de la Puerta del Sol de Madrid (retransmitido por televisión), cerraba oficialmente la cuenta del 2017, al par que era primicia de buen suceso y augurio de las mejores nuevas para el que estrenamos de 2018. Un año más. 
       Es el tiempo que pasa. Porque hoy y mañana, serán muy pronto ayer. Y cualquier tiempo pasado ha sucedido. Lo sentencia certero el villancico: “La Nochebuena se viene, / la Nochebuena se va. / Y nosotros nos iremos / y no volveremos más”. El efímero ser humano ha imaginado el tiempo, en su esquema mental, como algo sujeto a cambios, dentro de un proceso cíclico irreversible. Es el transitar de las cuatro estaciones: desde el invierno hacia la primavera y la plenitud del verano o cuando llega el otoño y se va a la frialdad. Ritos de paso que se ven plasmados en alegorías y mitos que encuentran su réplica en los cuentos y costumbres tradicionales. 
       A partir de ser testigos del cambio operado en la frontera de dos años que se relevan es como cobran sentido las manifestaciones folklóricas de estos días. Entre ellas las mascaradas de diablos corporizados, para simbolizar la expulsión de los espíritus perversos, en tanto que víctimas expiatorias públicas del mal.
       Para nosotros, actualmente, el principio del año legal está fijado en ese deslinde que se produce entre la Nochevieja del 31 de diciembre y el 1 de enero. Sin embargo, hasta hace algunos siglos la fecha del Año nuevo variaba según las naciones e incluso de ciudad en ciudad. El nombre de los doce meses delata que antes eran tan solo diez y, por consiguiente, el principio de año correspondía al 1º de marzo. La reforma del antiguo calendario, atribuida al rey Numa, tuvo dificultades para sustituir al arcaico marceño y se implantó definitivamente cuando el Senado romano vio la imperiosa necesidad de que los cónsules ocuparan sus cargos en las Kalendas de Enero, en lugar de por los Idus de Marzo (día 15), obligado por la prolongación de las guerras celtibéricas. 
     De aquí que se afirme que fue la rebelión numantina la que cambio el calendario. Enero –Ianuarius en latín– se atribuye a Jano, el dios bifronte que mira delante y detrás, al final del año transcurrido y al principio del próximo. ¡Feliz 2018!
José María Martínez Laseca
(4 de enero de 2018)

sábado, 30 de diciembre de 2017

El caso de La Pica

Pese a que al amigo FS le sobraba erudición en la materia, a mí, la verdad sea dicha, es que me costaba creerle cuando me contaba sus cuitas sobre la presencia de OVNIS en nuestra provincia de Soria. Que me mostraba yo muy escéptico al respecto, vamos. Empero, mientras estaba comiendo uno de los días pasados, irrumpió en el informativo de Antena 3 la noticia que reclamó una mayor atención por parte de mis ojos y oídos. Ni más ni memos que el mismísimo Pentágono de USA reconocía haber tenido un programa para investigar objetos voladores no identificados, aunque se afirmaba allí que ya lo había dado por concluido en 2012. Algunos medios aseguraban, no obstante, que aún hoy en día lo seguían manteniendo en vigor. Así que no me quedó más remedio que retractarme de mis recelos y otorgar verosimilitud a lo que FS me narró en relación con el caso de La Pica. 
          Por tal nombre se conoce a la sierra que se interpone entre los pueblos de Tajahuerce y Peroniel, de la comarca cerealística del Campo de Gómara, una de las tempranamente afectadas por el fenómeno de la despoblación. Aunque, también corresponde su apelativo al poblamiento (una casa de labor) ubicado en su ladera, por donde cruza un arroyo que hace más propicias sus tierras al cultivo, con finos pastos para el ganado. Sus orígenes se remontan a los siglos X-XI cuando esta zona era frontera entre los reinos cristianos y bereberes. De ahí su alta torre defensiva, integrada en la “Ruta de los torreones”, junto con las de Noviercas, Hinojosa del Campo, Masegoso, Aldealpozo y Castellanos. En la actualidad se trata de un despoblado, con sus edificios totalmente arruinados. Todavía pueden observarse puertas y ventanas en piedra de sillería, que forman parte de lo que otrora fue el palacete de los Bravo de Saravia, cuyo título nobiliario del Marquesado de La Pica, se le concedió en 1684 a Francisco Bravo de Saravia y Ovalle, como pago por los servicios prestados en Chile durante las guerras de Arauco. 
            Allí lucía su ostentoso escudo, cuyo dibujo se reproduce en el estudio de Carlos J. Larraín “La Torre de la Pica y el Señorío de Almenar” (1947). El mismo cuya foto aparecía en una publicación sobre patrimonio artístico soriano de los años 70. Su desaparición la achacaba FS a los OVNIS. “Sin duda que fue abducido por uno de ellos”, me insistía.
José María Martínez Laseca
(28 de diciembre de 2017)

sábado, 23 de diciembre de 2017

¿Hay OVNIS en Soria?

Me lo contaba FS aquella noche de otoño, tras asistir a la presentación del muy recomendable libro “Los árboles de Petia” de César Ibáñez París. Fue cuando el paso de Ana, la ciclogénesis explosiva que a nosotros nos trató con cierta indulgencia, pues apenas se hizo notar. Surgió la cosa al calorcillo de una charla posterior, regada con unos sorbos de buen vino. Que había OVNIS en Soria, me espetó FS a bocajarro. Tal cual. Venía a cuento, precisamente, del primero de los cuentos agavillados en el mentado libro, en concreto del titulado “Fiesta simpática” y que va de cuando, durante nuestra Guerra Civil por antonomasia, la de 1936-1939, hicieron acto de presencia en nuestra provincia los italianos, apoyando con armas y bagajes la sublevación de los facciosos. Es sabido que Soria se decantó desde el primer momento a favor del bando nacional, permaneciendo en la retaguardia ya que el frente de guerra se estableció en la colindante provincia de Guadalajara.
En el pueblo de Renieblas, pongo por caso, dejaron inscrita su huella en las piedras sillar de una portada (junto al bar), en las que reza: “W IL REY”, “W IL DUCE” y “REGG ART VOL LITTORIO”, además del dibujo del yugo y las fechas y una bomba con su mecha ardiendo, insignia de la división de artillería a la que pertenecían. Por otra parte, los oficiales de la aviación tuvieron ubicado su cuartel general en el Instituto de Segunda Enseñanza de Soria (hoy “Antonio Machado”). Esto se debe al importante cometido que desempeñó el aeródromo de Garray para sus aviones, dado tan estratégico enclave. A los mandos de Vittorio Cannaviello y Gildo Smiri, de sus pistas partieron los componentes de la 214 escuadrilla del grupo 24 de bombardeo pesado Savoia 21 y cazas del tipo CR-32 que protagonizaron el ataque sobre la población civil de Durango (Vizcaya). Lo acometieron en dos pases y comenzó a las 8:45 de la mañana del día 31 de marzo de 1937. Murieron 336 personas.
A lo que iba. Tres sepulturas de aquellos aviadores italianos, víctimas de nuestro conflicto bélico, se encontraban en el alto cementerio del Espino. Empero, me insistía FS con retranca, hay quien le aseguraba haber visto planear un OVNI por ese barrio de los muertos. Y que las tres tumbas habían sido abducidas. Su lugar lo ocupa ahora el panteón de un conocido empresario industrial.
José María Martínez Laseca
(21 de diciembre de 2017)

jueves, 14 de diciembre de 2017

Braseros domésticos

Hasta hace bien poco, hemos disfrutado de buen tiempo, con temperaturas veraniegas, a pesar de encontrarnos en plena estación otoñal, lo que los expertos achacan al cambio climático, provocado por el derroche de los recursos naturales. De ahí tan pertinaz sequía. El caso es que nos malacostumbramos, y después nos cuesta un riñón, cuando nos vienen mal dadas por las bruscas bajadas del mercurio, adaptarnos al frío certificado por el vuelo rasante de la corneja que nos obliga a ponernos abrigo, bufada y guantes. Además nos encierra más horas en casa, la que habrá que caldear.
Una cierta homologación entre el mundo rural y la ciudad se nota en la rehabilitación de sus viviendas, en cuanto a confort. Así, la mayoría de ellas disponen de su red de calefacción. No obstante, pese a que, aquí en España, nos cueste asumir la cruda realidad, con la crisis económica ha habido retroceso, incrementándose la desigualdad y la pobreza. A su vez, los altos costes de la electricidad y del gasóleo han obligado en muchos hogares a recurrir a formas tradicionales de calentarse. Cual la estufa de leña y el brasero, en sus variantes eléctrico y de cisco. Este último recurso se ha visto resucitado. Se trata de un recipiente metálico cóncavo, donde se depositaba el cisco o carbón vegetal, y que se cubría con una alambrera para evitar quemarse. Se situaba sobre el agujero circular hecho en la madera inferior de la mesa camilla, donde se sentaban los de la casa, introduciendo sus piernas por entre las faldas. 
Empero, tan sencillo artilugio al contener brasas tiene sus peligros. Uno, que prendiera la tela de las faldas por contacto, extendiéndose el fuego al resto de la casa. Otro, por una mala combustión del cisco, desprendiendo monóxido de carbono y ocasionando el envenenamiento de las personas por falta de ventilación. Se nombra la muerte dulce. Por desgracia, ya hemos visto en las páginas de sucesos a víctimas producidas por esta suerte de intoxicación, las que habitualmente se corresponden con personas mayores. Ante la aparición de niebla, nieve o hielo, la dirección general de tráfico recomienda precaución en nuestras carreteras. También por la autoridad competente se debería recomendar un mayor cuidado en el uso de braseros domésticos. Y colocarse detectores preventivos. Con tal de evitar más tragedias. 
José María Martínez Laseca
(14 de diciembre de 2017)

martes, 5 de diciembre de 2017

Coonstitución y reforma

El 6 de diciembre es fiesta nacional. A veces puente largo, por la inmediatez de la Inmaculada, cual es el caso. Tal día de 1978 (por un 88,54 % de síes, frente a un 7,84 % de noes), el pueblo español aprobó en referéndum nuestra Constitución, que cumple ya 39 años. No es, pues, para menos la alegría. Parecía que a la hora de solventar enfrentamientos ancestrales en pro de la convivencia pacífica pesara sobre nosotros algún maleficio, como bien advertía en sus versos el poeta Jaime Gil de Biedma: “¿Y qué decir de nuestra madre España, / este país de todos los demonios / en donde el mal gobierno, la pobreza / no son, sin más, pobreza y mal gobierno / sino un estado místico del hombre, / la absolución final de nuestra historia? / De todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España, / porque termina mal.” Y es que cuanto arrastrábamos de nuestra experiencia política y constitucional venía a cargarle de razón. Así, en los dos últimos siglos la inestabilidad en España es manifiesta. Son hasta nueve los textos constitucionales promulgados y tres las guerras civiles que nos desangraron durante el siglo XIX. La más traumática de todas en pleno siglo XX, con sendas dictaduras: la de Primo de Rivera y la de Franco, de casi 40 años. Y hasta dos repúblicas fallidas.
Se alude a que nuestra vigente Constitución fue fruto del consenso, entre el franquismo evolutivo y la oposición moderada, durante la transición política, dejando fuera a los extremos. Como consecuencia, el periodo más largo de democracia y libertad de nuestro país ha propiciado los mayores avances sociales, políticos, económicos y culturales. Ahora, muchos estiman necesaria su reforma (puntualmente ya se hizo en 1992 y 2011). Parece urgirlo la cuestión territorial, soliviantada tras la tragicomedia del proceso y la DUI en Cataluña. Precisa una modernización respecto a la línea de sucesión de la corona, el senado, la ley orgánica electoral, el poder judicial, la UE, la emigración, etc. Se trataría de mantener la virtualidad inclusiva del estado de bienestar, respetándose valores y principios básicos. Como el de la lengua común y la solidaridad entre las regiones, evitándose discriminaciones y privilegios. No será fácil, pero si hay voluntad política se puede y habrá que hacerlo para un tiempo nuevo. 
José María Martínez Laseca
(7 de diciembre de 2017)