miércoles, 29 de julio de 2015

De vuelta al cielo

Lo “de Madrid al cielo” viene de las mejoras introducidas por Carlos III que embelleció la Villa y Corte a finales del siglo XVIII, y se completa con “y de allí, un agujerito para verlo”. Se deduce, pues, que Madrid no es el destino-cielo, sino una parada en su camino. Cierto que ningún humano ha regresado desde tan apetecible como desconocido sitio, para contarnos sus excelencias. En todo caso lo que nos dicta nuestra católica fe es que se trata de un ámbito reservado a los buenos. Cual mi apreciado bar “El Cielo”, en el que solo caben los justos, sito en la plaza de Herradores, en pleno corazón de Soria capital. Ciudad esta más crecida en su cuerpo al succionar la gente de los pueblos, al par que más afeada en su aspecto como consecuencia de la especulación urbanística, que ni siquiera ha respetado su coqueto encanto de ciudad histórica. Más Soria sí, pero no por ello mejor Soria.
En la cresta de la ola de calor, yo acudí al bar “El Cielo” para hidratarme un poco, como recomendaban los expertos, sorbiendo alguna caña. Al entrar en tal oasis vi a mis colegas “El Chismoso” y “El Espabilao” al fondo de la barra, con lo que supe enseguida que no me faltaría buena conversación. Llevaba “El Espabilao” la voz cantante hablando del “culebrón” del PP de Soria con la irrupción de los críticos: “todo viene del X Congreso Provincial en el que las Nuevas Generaciones dieron el vuelco con Marimar Angulo al frente y en el que perdió la opción continuista de Domingo Heras. Desde entonces la herida no ha dejado de supurar. La reciente pérdida de la Diputación Provincial ha colmado el vaso y la subversión viene aumentada al quedarse sin sus  nóminas, lo que obligará a algunos de los alcaldes-diputados discrepantes a ponerse sueldo a cuenta de sus Ayuntamientos. Su demostración de fuerza fue elegir a Ascensión Pérez de portavoz, frente al candidato oficial Jesús Peregrina”.
“El monólogo del aparato -advertí yo- siempre ejerce algún tipo de violencia, mientras que el diálogo se caracteriza por respetar al otro”. “Piden -sentenció “El Chismoso”- el cambio en la dirección, pero Génova les ha dicho que han de esperar al 2016 para confrontar apoyos. Así que -en el gobierno u oposición- lo que sí les toca ahora es afrontar y resolver los problemas de los ciudadanos”. 
 José María Martínez Laseca
(30 de julio de 2015)

Fauna política

El siluro es un pez de agua dulce, procedente de los grandes ríos de Europa central: feo, grande y con bigotes. No es el pez más simpático del mundo, ya que resulta un “monstruo de río”. Introducido en España irresponsablemente,  lejos de su hábitat natural en aguas frías, su reproducción parece imparable. Así, los siluros se han adueñado del río Ebro, con tamaños de hasta 2,5 m. de largo y más de 90 kg. de peso.  Es, pues, un invasor, un voraz depredador que arrasa con la fauna autóctona de pececillos, barbos y truchas. Ahora, pescadores de Almazán denuncian su irrupción en el río Duero, lo que puede afectar gravemente a nuestras reservas de pesca.
Con ser este un problema importante, no es el tipo de fauna que más nos preocupa, sino la humana, dados sus comportamientos y actitudes. En la vida misma -cual en literatura los personajes-, las personas debieran definirse en  base a tres criterios: por lo que hacen, por lo que dicen y por lo que de ellas se dice. Así de los políticos. Si bien en lo de la cosa pública hay mucho de postureo patético e hipocresía. Abundan políticos que nada dicen -ni hablan, ni escriben-, que poco o nada hacen y que esperan, eso sí, que se hable de ellos. Aunque sea mal, por aquello de “échame pan y llámame perro”. Muchos demuestran no  pensar por sí mismos, ya que “cuando todos piensan igual nadie piensa nada” o, dicho de otro modo, uno piensa por todos y los demás le siguen como en una secta. La gente ha de implicarse en política, dado que la política que tú no haces se puede hacer en tu contra. Empero, un político tiene que ser algo más que mero político, o astuto “ganapán”, pues dicho cometido debiera ser algo circunstancial y no permanente.
De la diversidad de opiniones y del contraste de pareceres -las personas son respetables pero las opiniones son discutibles- es de donde brota la luz y surge el proyecto común de futuro. A pesar de quienes acostumbran a meter el dedo en el ojo ajeno o a hacer astillas del árbol caído de los vencidos, sin actuar nunca como contrapoderes. La misma vara de medir para todos y no plata para el amigo y para el discrepante palo. Sin excesos de azúcar, ni de vinagre. Como dice Luis García Montero: deberíamos estar alegres de la existencia de una prensa libre  que saque la basura a la calle.
José María Martínez Laseca
(23 de julio de 2015)



martes, 21 de julio de 2015

El poeta Zhivago

Ante la muerte de Omar Sharif, en la ola de calor, hojeo “El doctor Zhivago” de Boris L. Pasternak y sueño con la nieve: limpia, austera, severa, tibia, inhóspita, tentadora y traviesa. Como la muerte, es la gran igualadora y cae sobre todos los vivos y los muertos. Se puede usar -lo mismo que la lluvia o la niebla- para cualquier cosa, ya que añade efectos y afectos especiales.
Por eso, cuando el director de cine David Lean -que antes había filmado “El puente sobre el río Kwai” (1957) y “Lawrence de Arabia” (1962)- quiso llevar a la gran pantalla esta obra literaria, imaginó escenas con nieve. Descartadas Rusia, por motivos políticos; Finlandia, por exceso de frío y Yugoslavia por falta de infraestructuras; su productor artístico  John Box, “El Mago”, eligió España y, en concreto, Soria, donde su paisaje, en los largos y fríos inviernos del franquismo, se vestía de blanco y las heladas planicies de la provincia, tierra esteparia, recordaban la tundra rusa. Así que el 28-XII-1964 comenzó su rodaje. Con paciencia, esperaron copos de nieve en vano, porque aquel año, en contra de lo previsto, no nevó. Por ello “El Mago” tuvo que hacer de la necesidad virtud y por arte de magia, con el truco de plásticos, toneladas de polvo de mármol blanco, y cera, logró mostrar la blanca nieve allí donde no la había. La película, estrenada el 22-XII-1965 en EEUU, se vio en España en octubre de 1966, y muchos reconocieron rincones de Candilichera (Varikino), el Moncayo (los Urales), la estación de Soria-El Cañuelo, San Leonardo, Villar del Campo, Villaseca de Arciel y Matamala de Almazán. Es la historia del triángulo amoroso formado por el doctor Yuri Zhivago (Omar Sharif), su esposa Tania Gromeko (Geraldine Chaplin) y la guapa enfermera Lara Guichard (Julie Christie), ambientada durante la revolución rusa y la primera guerra mundial.
La ternura de la mirada de David Lean, los impresionantes paisajes, su cautivadora música y la sensibilidad del poeta Yuri Zhivago, justifican su éxito. En sus versos: “… la espesa noche hecha nieve. / Y entre los dos ya no se puede trazar un límite preciso. / Mas ¿quiénes, y de dónde, somos si de aquel tiempo sólo hay humo / de habladurías y nosotros no estamos más en este mundo?” “Doctor Zhivago” supone así un hermoso canto a Soria.
José María Martínez Laseca
(16 de julio de 2015)


viernes, 10 de julio de 2015

Los 10 de Beltejar

La guerra incivil española (1936-1939) es uno de los acontecimientos decisivos de nuestra historia moderna. Clave en el devenir de España, convertida, desde 1978, en un estado social y democrático de derecho. Sin duda, le debe mucho al dolor de las heridas abiertas, que han ido cicatrizando, poco a poco, más por el paso del tiempo, el miedo y el olvido, que por la justa reparación de la memoria y dignidad de las victimas causadas entre los vencidos. Porque tan españoles eran los unos como los otros. Para mejor evitar el riesgo de que se vuelvan a repetir tales errores del pasado, conviene recordarlo.
Con el alzamiento militar del 18 de julio de 1936, la provincia de Soria, se decantó del lado de los militares sublevados contra el orden republicano, legalmente establecido. Choca que, pese a quedar en la retaguardia, alejada del frente de guerra y sin ofrecer resistencia, se produjeran aquí más de 500 asesinatos de civiles. Un caso de esa violencia y brutalidad, que da que pensar sobre la verdadera condición humana, fue el fusilamiento de 10 personas acontecido en Barcones el 14 de agosto de 1936: 4  vecinos de Soria capital (Arsenio Martínez, Fermín González, Tomás Cué y Antonio Lafuente; afiliados a la CNT) y 6 de San Esteban de Gormaz (Juan Ballano Pérez (agricultor de 31 años), Juan Pablo Rica (Concejal de Cultura de 54 años), Bernabé Esteban Benito (jornalero de 37 años), Mariano González Carracedo (telefonista ferroviario de 35 años), Cándido Muyo Arranz (agricultor de 25 años) y Máximo Redondo García (guardabarreras de 37 años). Un camión los trasladó esposados por la noche y, al amanecer, fueron ejecutados a las afueras del pueblo, en presencia de un cura y un médico militar. Pero, además, hubo algún otro testigo inoportuno, que para sobrevivir tuvo que negociar constantemente entre la memoria y el olvido. Y que vivió para contarlo.
Cada vez que se produce un asesinato se genera un enorme vacío que requiere del rito del duelo para cerrar su luto. Aquí fue posible, en parte, tras excavar la fosa común de los 6, el 1 de noviembre de 2014. Gracias a la asociación soriana Recuerdo y Dignidad (con el tenaz Iván Aparicio al frente), que ahora ha visto atendida su denuncia del 12 de julio de 2013 por el juzgado de Instrucción nº 1 de Almazán. 
José María Martínez Laseca
(9 de julio de 2015) 

jueves, 2 de julio de 2015

El reclamo festivo

Las fiestas populares son la mayor manifestación del folklore. Seña de identidad inequívoca. De ahí que formen parte del patrimonio cultural inmaterial de las colectividades. Porque constatan un rincón de su alma. Con esa riqueza simbólica, cultural y tradicional, su autenticidad y recursos (leyendas, mitos y ritos, música y canciones, gastronomía…) trascienden lo propiamente material, ya que nos transportan a otros mundos por medio de una poética propia como forma de trasmisión de ideas.
Toda fiesta grande se espera y se desea porque abre un tiempo nuevo. Un tiempo sagrado o de ruptura con la rutina cotidiana, a la vez que es de excepción o subversión del orden establecido, ya que, en su paréntesis, la sustitución del rito social por el rito festivo permite ciertas licencias o excesos. La fiesta crea una conciencia general, deliberadamente superior a la estructura de clases y a determinados preceptos del orden moral. A ella subyacen rasgos atávicos, asociados a sus creencias, costumbres y, probablemente, a sus orígenes y a la misma subsistencia como entidad colectiva. No es de extrañar por ello que las fiestas populares se hayan convertido en un gran reclamo para el turismo internacional. Se ve en Internet el interés que despiertan. La Noche de San Juan, San Fermín o la Tomatina de Buñol están entre las más aclamadas de España para el mercado europeo. No se destacan las nuestras de Soria, sin duda de las más expresivas. Porque no son reiterativas, sino variadas y ricas en su secuencia narrativa. Así, las de San Pedro Manrique aúnan el rito solsticial del paso del fuego, la leyenda medieval y la pingada del mayo. Aquí, las tres móndidas protagonistas adquieren claras connotaciones sexuales. En la ciudad de Soria sus fiestas plasman un rito gastronómico-sexual, en torno al toro. Su pasión festiva justifica la ruptura del tabú de comer al animal totémico para poder adquirir su fuerza genésica.
Ambas son redentoras. Para que la vida siga. Cual fuegos artificiales o pompas de jabón, las fiestas son tan vistosas como efímeras. Muestran el “Carpe diem” y el “Collige, virgo, rosas”. Por eso cuando acaban quienes las han vivido intensamente se sienten desorientados y perdidos. Como expulsados del paraíso.    
 José María Martínez Laseca
( 4 de junio de 2015)