martes, 7 de agosto de 2018

Atraer turistas

Es el turismo un fenómeno social que se basa en ese desplazamiento transitorio que realizan las personas desde sus sitios habituales de residencia y de trabajo hacia otros lugares, con el fin de disfrutar en ellos de sus vacaciones o bien de conseguir algún otro tipo de satisfacción. En nuestro país ese cuantioso trasiego de gentes venidas de fuera se ha visto polarizado, desde los años cincuenta, en torno al denominado turismo de sol y playa por toda la costa mediterránea fundamentalmente. No obstante, en los últimos años se ha producido una clara evolución de ese turismo de masas hacia una diversificación en sus demandas. Y surge, en consecuencia, el denominado turismo interior con sus ofertas de reclamo basadas en el patrimonio histórico-artístico, el medio ambiente, la gastronomía, lo cultural, etc. En este caso, nuestra comunidad de Castilla y León ha adquirido un papel destacado. Ni que decir tiene que el turismo es una actividad económica que genera flujos de renta importantes y empleo. Y por eso una provincia como la nuestra de Soria se promociona desde sus instituciones en ferias y eventos nacionales e internacionales para vender sus mejores encantos y conseguir, de ese modo, atraer a una parte de tan inquietos nómadas hasta nuestra tierra como lugar de destino apetecible. Se entiende así al turismo como un motor de desarrollo muy a tener en cuenta.
      Hacer que esos turistas nos visiten resulta, pues, muy necesario, pero ello no es suficiente. Hay que saber tratarlos en la debida forma, proporcionándoles unos servicios de calidad durante su estancia entre nosotros. De ahí que se precise una mejor preparación profesional por parte de los empresarios y trabajadores del sector hotelero, de restauración, recepción, guía y traslado.
    Asimismo, dado que es el medio urbano y natural el que sirve de marco físico al turismo deberemos reivindicar y poner en valor también nuestro paisaje, entendiendo como tal tanto a la naturaleza en estado puro cuanto al paisaje urbano, considerando dentro de él su arquitectura histórica y contemporánea. Para ser competitivos y rentabilizarlo deberemos ofrecer a esos turistas que pretendemos, más educados y con mayor conciencia ecológica, la “excelencia” que nos solicitan. Y para ello no basta con estar en política, hay que hacer política con objetivos y con estrategias. 
José María Martínez Laseca
(2 de agosto de 2018)

Tierra de nadie

En 1835, el escritor y periodista Mariano José Larra y Sánchez de Castro (Madrid, 1809-1837) cruza media España y no ve más que un “desierto arenal”, una “inmensa extensión” de “desnudo horizonte”, tres días rodando “por el vacío”. Pasados 70 años, por esos mismos lugares, más o menos, donde Larra no vio nada, Antonio Machado ve “carros, jinetes y arrieros”, “rudos caminantes”, “viajeros que cabalgan / en pardos borriquillos”, “pastores que conducen sus hordas de merinos”, “decrépitas ciudades”, “dispersos caseríos”, “el mesón al campo abierto”, “el hogar donde la leña humea”, “roídos encinares”, “cerros cenicientos” y “montes de violeta”. Estas citas corresponden a su poemario “Campos de Castilla”, de 1912, que puso a Soria en el mapa cultural del país. Vio los “pinos del amanecer / entre Almazán y Qintana!” en “Otro viaje” en tren (y lo recordó desde Baeza). Curiosamente, Antonio Machado nos enseñó a mirar un paisaje que nadie veía, ni tan siquiera los mismos sorianos. De ahí que esta provincia, por invisible, haya sido relegada, cual Cenicienta, por los sucesivos gobiernos de España, y hasta ignorada también por la mayoría de los viajeros extranjeros. Bien sabido es que lo que no se visibiliza no existe.
      Viajaba con frecuencia Machado en tren a Madrid, donde residía su madre. En su vagón de tercera recorría el trayecto desde la entonces estación de San Francisco de Soria (hoy del Cañuelo) hasta la del Mediodía de Madrid (hoy Atocha). Con trasbordo en Torralba del Moral. De ahí que se le apode “El Torralbilla” a este tren. Una vía de 94 km. que se inauguró el 1 de julio de 1892, cien años antes del primer AVE Madrid-Sevilla. “El Torralbilla” cumplía su cometido de transporte de viajeros con parada en todas las estaciones. Pero ahora, en pleno siglo XXI, su funcionamiento deja mucho que desear. No hay día en que no se produzca avería o retraso. Soria, más cerca de Madrid que Barcelona, Sevilla o Zaragoza, está, sin embargo, mucho más lejos en tiempos de acceso por tren. La línea en cuestión se ha convertido en una auténtica metáfora del porvenir provincial. “Coger el tren” o “perder el tren” se aduce aplicado a su futuro incierto. Y los políticos juegan con el tren al “tiquitaca”. Soria, por invisible, no existe. Porque tierra de nadie es su nombre. Como la más oscura de los muertos.
José María Martínez Laseca
(26 de julio de 2018)