sábado, 17 de octubre de 2020

Del controvertido Cerro de los Moros

“El urbanismo de su ciudad tendrían que estudiarlo ya los niños en la escuela”, me decía un viejo arquitecto jubilado al que yo le pregunté sobre la transformación urbanística experimentada por la mía de Soria. Entre otras razones, porque comprarse un piso es una inversión en la que a la mayoría de las familias les va toda una vida. 
      Cierto es que en la enseñanza secundaria y en la asignatura de Geografía, algunos libros de texto introducen en aspectos como: la ciudad actual, los usos del suelo urbano o los planes Generales de Ordenación Urbana (PGOU). En el que consulté, me agradó su propuesta “Ponte a prueba”, que trataba de esclarecer conceptos como: expropiar, urbanizar, realizar alegaciones, suelo, clasificación y usos. Incluso planteaba a los alumnos que averiguaran si su municipio tenía un PGOU y desde cuándo estaba vigente y si en su barrio había suelo destinado a uso dotacional deportivo. Al tiempo que, respecto a problemas urbanísticos, les incitaba a que preguntaran en sus casas si habían oído hablar de algún supuesto dudoso y a buscar anuncios y artículos en periódicos relacionados con dichos problemas urbanísticos. 
       Si nuestros aplicados alumnos hubieran realizado bien sus deberes, en estos días de pandemia en que vivimos, se hubieran encontrado en la prensa local con unas cuantas cuestiones resaltadas en la negrita de sus titulares. Como los de la construcción de la nueva depuradora de la ciudad; la compra de suelo, mediante subasta pública, por el Ayuntamiento de Soria, el cambio de terciario a residencial de la antigua sede central de la Caja de Ahorros de Soria y la concerniente al Cerro de los Moros. En este último caso, les habría llamado especialmente la atención la recogida de firmas para impedir la urbanización de esta zona, por afectar a “los parajes que inspiraron a Machado”. 
       Sabido es que la ciudad es un espacio físico y social que se crea… Y lo crean diversos agentes con intereses contrapuestos. Verbigracia: los propietarios de los medios de producción, los propietarios del suelo, los promotores, los ciudadanos y el poder político, que interviene con la planificación, viviendas sociales, equipamientos e infraestructuras. Y que arbitra los conflictos entre los diferentes agentes. 
       El viernes 7 de agosto de 2020, el BOCYL publicaba la Orden FYM/726/2020 de 20 de julio por la que se formulaba el informe medioambiental estratégico de la Modificación Puntual en el sector Sur-D4 “Cerro de los Moros”, del Plan General de Ordenación Urbana de Soria. Resultando favorable ya que en él, tanto la opinión de la Confederación Hidrográfica del Duero como la de la Dirección General de Patrimonio Cultural (dado que toca El Castillo, y las márgenes del Duero declaradas BIC) “permiten deducir que no existen problemas ambientales”. 
       Empero, la sombra urbanística del Cerro de los Moros es alargada. La calificación de su suelo de riscos como urbano urbanizable se remonta ya al PGOU de 1994, para el que el socialista Luis Pascual reclamó “especial protección” (BOCYL-D-10071995-56) . Y el actualmente en vigor, de 10 de marzo de 2006, aprobado por el PP más IDES (con Encarnación Redondo de alcaldesa), y voto en contra de PSOE y ASI, lo consolidaba y ampliaba. 
      Vemos en la hemeroteca: “El aprovechamiento urbanístico del cerro de los Moros y la ronda Sur han sido los puntos de discordia, que han motivado la postura contraria al PGOU de PSOE y ASI” (Heraldo de Soria 12-02-2006, p.6). Jesús Bárez de ASI “por el a aprovechamiento excesivo” y “el proyecto de la carretera” y Carlos Martínez del PSOE aludió a una “colmatación de viviendas” y aseguró que “el plan significa que se establecen convenios que benefician a algunos”. Unas actuaciones urbanísticas “que Luis Rey estando en la oposición no dudó en aseverar que serían llevadas a la Fiscalía Anticorrupción. Ahora en el gobierno municipal, las promueve bajo el argumento de que se han incluido una serie de modificaciones en el proyecto. Se trata, en este caso de hacer desaparecer un túnel y de pasar de viviendas unifamiliares a residenciales (Ver: Diario de Soria 11-06-2010, p. 4). 
       Ahora, el asunto, que estaba aletargado, se ha reactivado. Al cambiar de manos la propiedad y ante la supresión de la actual depuradora maloliente. En el Ayuntamiento de Soria, Podemos toma la iniciativa para detener el proyecto, reclamando mayor transparencia, convocar el Consejo de Urbanismo y promover su protección. El grupo ecologista ASDEN se queja de que: el impacto visual de las más de 1300 viviendas previstas es incuestionable; la zona destinada para equipamientos es inviable; los viales e infraestructuras son tremendos y muy costosos, viaducto incluido, y sin salida efectiva por la ladera del Castillo. [¿Resucita en parte la otrora Variante Sur?]. 
       El Ayuntamiento de Soria ha pedido a la Junta iniciar el trámite, al solicitarlo el propietario, si bien el proyecto en cuestión no ha salido todavía a exposición pública. Pero el tema está ya que arde. Hay quien dijo; Soria tiene muchos pisos vacíos y el aumento de viviendas cuando no hay expectativas de crecer solo es movimiento especulativo. 
       Yo le respondí al arquitecto jubilado: también el ajedrez debiera incluirse como materia de estudio en la escuela, para que los alumnos meditaran y supieran ver críticamente como los astutos jugadores mueven las piezas sobre el tablero del suelo de su ciudad. 
José María Martínez Laseca
(17 de octubre de 2020)

lunes, 12 de octubre de 2020

El día de los docentes

Cada profesión tiene su santo patrón. El término patrón procede del latín patronus = patrono, que significa protector, defensor, abogado, amparador. Obviamente, la costumbre es de origen cristiano. Y los enseñantes no iban a ser una excepción en la regla. En mis tiempos de colegial se adjudicaba tal cometido a Santo Tomás de Aquino, ya que su filosofía de vida (independencia y autonomía de la razón) era enseñar, y lo celebrábamos jubilosos profesores y alumnos cada 28 de enero. Ahora, en su lugar se festeja el Día Mundial de los Docentes. Y aunque parece que la fecha elegida por la UNESCO es el 5 de octubre, aquí se ha desplazado esta vez al viernes 9. Su lema “Docentes: liderar en situaciones de crisis, reinventar el futuro”. Se pretende con ello honrar la profesión docente y llamar la atención sobre el papel que desempeñan los docentes en el sentido de que nadie se quede rezagado. 
      Y no viene nada mal tal cosa. Por lo que supone de respiro al empalmar un puente con el día de la Hispanidad del lunes 12 de octubre. Y, sobre todo, porque, además, nos lleva a reflexionar un poco más al respecto. Uno recuerda con aprecio a sus profesores brillantes, pero con gratitud a los que tocaron nuestros sentimientos. Estamos refiriéndonos a algo más amplio y complejo como es la educación. Una responsabilidad que corresponde al conjunto de la sociedad y que, no obstante, se hace recaer en los más de los casos exclusivamente sobre los docentes. Así en alguno de los diagnósticos que se han realizado en nuestro país sobre los profesores se les achaca a estos entre otras cosas el que están desprestigiados, que viven aislados y han perdido la pasión por su trabajo, al tiempo que fallan su selección y su formación y falta de liderazgo en los directores de los centros. 
      Por supuesto que todo es susceptible de mejora. Empero, a la hora de hacer justicia hay que colocar en los platillos de la balanza todos los elementos y no solo aquellos que interesan a algunos para criticar con acritud. Viene de atrás la propuesta de crear un nuevo modelo de acceso similar al MIR sanitario, que prolongaría más aún el proceso de formación del profesorado de los seis años de licenciatura y aprobar una dura oposición. Se está viendo ya que muchas Comunidades Autónomas tienen problemas para cubrir las plantillas de sus centros, por falta de profesores. Esta profesión no es, pues, tanto chollo como algunos se creen. Hay otras de rango inferior dentro de la función pública mucho mejor pagadas y con más posibilidades de promoción. Y mucho menos conflictivas en su práctica. Incluso, los profesores tienen la exigencia de su formación continua para que se les reconozca la gratificación de sus sexenios. En buena medida el sentido vocacional es lo que subyace a la tarea docente. 
      Ahora se cumple, precisamente, un mes del inicio del curso escolar en una situación de riesgo añadido, provocado por la pandemia del coronavirus. De ahí el reconocimiento debido a la contribución que aportan los docentes a la hora de abrir los centros educativos para proporcionar el aprendizaje a los alumnos diversos todos los días, garantizándoles así su legítimo derecho a la educación. Si como tanto se cacarea, la educación tiene por cometido principal potenciar el más importante recurso de nuestro país, es decir su capital humano, no nos olvidemos de dar a la profesión docente la dignidad que merece. 
José María Martínez Laseca 
(9 de octubre de 2020)

viernes, 2 de octubre de 2020

¿Impasibles ante la pandemia?

Que estamos en tiempo de pandemia nadie lo puede negar. A causa del coronavirus o Covid-19, que tanto está perturbando nuestra existencia cotidiana. Con la mascarilla puesta cubriéndonos nariz y boca, las manos lavadas de continuo y guardando la distancia de un metro y medio. Estamos viviendo, por todo ello, una horrible pesadilla que nunca pudimos imaginarnos. (Si bien es cierto que hace ya un siglo, de 1918 a 1920 con la gran gripe –mal llamada española–, ocurrió algo semejante). En una situación de incertidumbre. Avanzando hacia un futuro sin certezas. Dentro de un territorio en el que aumentan los infectados. Preocupados por el retraso que se advierte en la aplicación de las medidas necesarias. Ansiosos por la salvífica vacuna prometida. 
      Por tan anunciada, ya se veía venir esta segunda ola y, sin embargo, parece que estamos afrontando su rebrote en las mismas deficitarias condiciones de hace seis meses. Y, por añadidura, con una evidente desunión política. Como se ha puesto de manifiesto entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno Central. El Ministerio de Sanidad publicaba este jueves 1-O en el BOE la orden para restringir la movilidad en ciudades de más de 100.000 habitantes con tasa de incidencia superior a 500, y avisa de su obligado cumplimiento en 48 horas, para evitar las salidas masivas durante el fin de semana. Pero Isabel Díaz Ayuso se subleva y recurre ante los tribunales el cierre de Madrid. Pese a que la propuesta fue apoyada por mayoría en la reunión del miércoles por el Consejo Interterritorial de Salud. Con el voto en contra de Madrid, Galicia, Cataluña, Andalucía y Murcia y las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla. Llamativamente, Castilla y León votó a favor, al prevalecer la ciencia (criterios epidemiológicos) a la política, según alegan. A fin de cuentas, los datos son inquietantes. Y es urgente que se tomen decisiones sensatas y de colaboración entre administraciones encaminadas a salvar vidas. 
      En España siguen siendo elevadas las cifras de contagios y de muertos, con una evidente presión sobre el conjunto de la atención asistencial y la progresiva ocupación de las UCI. La pandemia ha puesto al descubierto las debilidades de un sistema sanitario público como el nuestro, antes considerado de ejemplar. Ahora con sus diecisiete aplicaciones nacionalistas. Lo que se está denotando es una falta de planificación y de inversión en recursos materiales y humanos. La carencia de un mayor refuerzo a la estructura de la atención primaria, que se está viendo colapsada. Ya son muchos los años que llevamos de precariedad. 
      Ante la imperiosa necesidad, buscamos ahora, con prisas, donde sea y como sea (contrataciones extracomunitarias y sin el MIR) a esos médicos que nos faltan. Los que se formaron en nuestras universidades, en número de unos 7.000, tuvieron que marcharse a trabajar al extranjero, ante la falta de expectativas. Como plasmaba con ironía un wasap que me llegó días atrás, Pablo Casado clamaba: “Es urgente que Pedro Sánchez contrate a esos sanitarios que nosotros hemos despedido”. Tanta desidia y menosprecio se ha hecho de lo público. 
      La socorrida máxima de que “la salud es lo que importa”, ha devenido en una frase hecha, vacía de contenido. Se ha dicho, y con razón, que lo que está sucediendo en este país con la pandemia del Coronavirus es un fracaso colectivo. A ver si espabilamos, porque nos van muchas vidas en ello. Y harán falta además planes de reactivación económica y del empleo ante esta desgracia. Para salir de esta, necesitamos recuperar algún atisbo de confianza frente al miedo circundante. 
      (Posdata: Mientras todo esto acontecía por aquí; allá, en su Argentina natal, fallecía (el 30 de septiembre de 2020) el humorista gráfico e historietista Joaquín Salvador Lavado Tejón (hijo de españoles emigrados), más conocido como Quino. El padre de Mafalda, nacida en 1964 y que llegó a España hace cincuenta años. Esa niña peluda y traviesa que, junto a su pandilla de amiguitos nos hacen esbozar una sonrisa en el curso de sus viñetas y, sobre todo, reflexionar y pensar. Mafalda nos enseña a tomar la palabra y ser contestatarios. Más críticos aún, para saber mirar y así poder ver mejor lo que los políticos nos quieren ocultar. Por eso conviene leer a Quino antes de acostarnos. Para limpiarnos las telarañas de nuestros ojos inundados de tantas vanidades y absurdeces. “Nunca sobra alguien que falta”.) 
José María Martínez Laseca 
(2 de octubre de 2020)

jueves, 24 de septiembre de 2020

¿La ciuddad creciente?

La ciudad es un hecho colectivo. Bajo su sustantivo entendemos un núcleo habitado que ocupa un amplio espacio, donde se prestan los servicios jurídicos, políticos, administrativos, comerciales, culturales, etc. y se desarrollan actividades profesionales diversas. En Grecia se les llamaba Polis/eis y en Roma Civitas/tis. Para los romanos tenía un doble contenido ya que por un lado se refería a una comunidad organizada y diferenciada de habitantes de pleno derecho, que vivían en un núcleo concreto, en un lugar determinado, y, por otro, remitía a un núcleo habitado que tenía al menos dos elementos definitorios fundamentales: uno el construido, el urbano: Urbs (aedificia), la ciudad material y su trazado urbano, y otro el Territorium que indicaba el espacio extraurbano que dominaba. 
      Y nos sirve muy bien esta breve introducción para adentrarnos en lo que vamos aquí a tratar respecto a nuestra ciudad de Soria. Calificada de natural e histórica. Lo primero por tener que adaptarse al terreno junto al tajo del Duero. E histórica, porque no en vano hay quienes afirman que se fundó ya en 1119, por Alfonso I el Batallador. Su emplazamiento inicial fue defensivo en el cerro del Castillo y luego se extendió por el collado, disponiéndose en 35 barrios o colaciones en torno a sus 35 parroquias. Una muralla de 4.100 m. enmarcaba este recinto medieval de unas 100 has. Es, pues, el arte románico lo que dejará su impronta en la ciudad, a lo que se añadirán a partir del s. XVI las casonas y palacios de las ricas familias ganaderas. Con el reinado de Carlos III saltará la muralla hacia el oeste con la calle del Arrabal, hoy de Numancia. No obstante, retrocedió con la Guerra de la Independencia, al incendiarse su arrabal y ver demolida su muralla defensiva y hasta 300 casas. El aumento demográfico de la 2ª mitad del XIX provocó su expansión por la llanura adoptando esa forma de raqueta. Si bien fue el s. XX quien le confirió su carácter plenamente urbano, ensanchándose en dirección a Madrid y Valladolid y hacia las eras de Santa Bárbara. 
      Curiosamente, Fernando Chueca Goitia en su libro La destrucción del legado urbanístico español de 1977, señalaba que el ambiente urbano modesto, pero entrañable y evocador con su marco paisajístico emotivo, sufrió un grado de deterioro máximo con agresivas construcciones. Sin ningún plan de rehabilitación su Casco Histórico quedó destrozado. Por lo que perdió su encanto. Importantes propietarios y constructores camparon a sus anchas en derribos y edificaciones. 
    Ya sabemos que son los planes Generales de Ordenación Urbana (PGOU) los instrumentos utilizados para planificar el crecimiento de las ciudades. Clasificando el suelo en urbano, urbanizable y no urbanizable (protegido o rústico) y fijando el tipo de uso que se va a dar al suelo (vivienda, dotacional, industrial) que se decide recalificar. 
       Con los Ayuntamientos democráticos y la legislación sobre el suelo se pretendió poner freno a los desmanes. El entonces PGOUvigente en Soria databa de 1961. El juego de intereses estaba ahí para dirigir la expansión urbana o para urbanizar por fases o a saltos y conseguir mayores volúmenes y alturas. Las expropiaciones para equipamientos requerían de la aprobación de la Consejería autonómica competente y la construcción de carreteras depende del Gobierno central. 
       Se presentaron candidaturas de constructores al Ayuntamiento de Soria. En 1992 hubo protestas de Empresas de la Construcción y Obras Públicas (AECOP) contra el avance del nuevo PGOU, que se aprobaría en 1994. Luego vendría, el 2001, en plena burbuja inmobiliaria, la revisión fallida con el Salto del Duero, que desembocaría en el actual PGOU de 10 de marzo de 2006. Ya, hasta nuestros días, solo ha habido diferentes modificaciones puntuales y también adaptaciones del Plan Especial del Casco Histórico. 
        El urbanismo sostenible, junto al importante sector económico de la construcción (con la promesa de acceso a una vivienda digna), siempre han constituido asuntos relevantes, de preocupación ciudadana. De aquí mi llamada de atención para pensar y debatir sobre nuestra ciudad: ¿en qué situación se encuentra? ¿hacia dónde va? La ciudad de Soria ha funcionado como un gran aspirador que ha succionado a la gente de los pueblos de la provincia, con muchas viviendas de segunda residencia o no principales. 
      En el marco del planeamiento y gestión urbanística municipal a corto y medio plazo que se apoya en una intervención pública activa basada en la creación y desarrollo de patrimonio público de suelo el Ayuntamiento de Soria ha adquirido 54,7 has. en los Royales Oeste, por 2,6 millones de euros. Una llamativa iniciativa, sin duda. Suele recomendarse que ello se haga a ser posible de manera concertada con la Administración Autonómica y Central cuando sea aconsejable y, en su caso, con la iniciativa privada más emprendedora. ¿Se ha obrado así? ¿Se trata tal vez de un chollo que otro nadie ha visto? ¿Tanta previsión tenemos en Soria de nuevas viviendas? ¿Acaso hemos renunciado definitivamente a dinamizar el casco histórico de nuestra ciudad? 
José María Martínez Laseca 
(23 de noviembre de 2020)         

lunes, 21 de septiembre de 2020

Rostros de literatos de por aquí

Puede que yo la viera anunciada en el periódico local o acaso –y me parece esto lo más probable– escuché la alusión en algún informativo de la radio amiga. Me atrajo por su connotación cultural. Y tomé buena nota en mi retentiva. Tengo que ir a verla un día de estos, me dije. Pero mi desván de los recuerdos acumula demasiados cachivaches y se me olvidó por completo. Casualmente, Santiago Caaveiro, cámara de televisión al que conocí hace no mucho cuando grabamos el documental “Machado esencial en Soria”, volvió a recordármelo en una conversación telefónica: –José María, tienes que ir a ver la “Exposición de Retratos de Félix de la Vega. Galería de escritores modernos y contemporáneos de Castilla y León”, te gustará. 
       Así que una tarde que pasaba por la Plaza Mayor de Soria me adentré en el Centro Cultural Palacio de la Audiencia y ascendí a su Sala B, donde se encontraba desplegada. Se trata de una muestra itinerante organizada por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, que ya se ha visto en distintos lugares de nuestra Comunidad y que ahora, en colaboración con el Ayuntamiento de Soria, recalaba entre nosotros. Desde el 4 hasta el 30 de septiembre. 
       Aporta un interesante proyecto creativo, ideado por el palentino Félix de la Vega, que marida pintura y literatura y que agavilla un amplio grupo de conocidos escritores procedentes de las nueve provincias de Castilla y León. Se pretendió llegar a los 100, pero se quedó en 59. De ahí que falten algunos. Debo reconocer que poco sabía yo sobre el pintor en cuestión. Y me sorprendí al enterarme de que había muerto el 8 de mayo de 2018, con 59 años de edad. 
       Curiosamente, este artista era el encargado de pintar todos los años los rostros de los autores galardonados con el “Premio de la Crítica de Castilla y León”. Félix de la Vega perteneció al Grupo Páramo y es conocido, sobre todo, por sus recreaciones del mundo teatral, con muestras como la de “Bululú. Cómicos de la legua y de la lengua”, aclamada en la Sala de Exposiciones del Teatro de la Comedia de Madrid. Y por su personal interpretación del mundo de la tauromaquia. 
       Solo en la sala de exposiciones, me sumí en esa “evocación de un pasado AL RESCATE DE LA MEMORIA”, puesto que “el animal humano necesita alimentarse de los recuerdos del ayer para sobrellevar la frágil promesa del mañana”. Yo contemplé las caras de los distintos autores. Entre ellos a José Jiménez Lozano (Ávila); Mª Teresa León, Antonio Bouza, Eduardo de Ontañón, Victoriano Crémer y Oscar Esquivias (Burgos); Antonio Gamoneda, José María Merino, Luis Mateo Díez, Antonio Colinas y Julio Llamazares (León); César Muñoz Arconada y Javier Villán (Palencia); Miguel de Unamuno, Carmen Martín Gaite, Fernando Arrabal, Aníbal Núñez y Gonzalo Torrente Ballester (Salamanca); Jorge Gillén, Miguel Delibes, Rosa Chacel y Gustavo Martín Garzo (Valladolid); María Zambrano y Luis Javier Moreno (Segovia); León Felipe, Claudio Rodríguez e Hilario Tundidor (Zamora) y Antonio Machado, Avelino Hernández, Abel Hernández, Fermín Herrero y Fernando Sánchez Dragó (Soria). Todos ellos acompañados por unas bellas semblanzas realizadas por Alicia de la Vega, hija del pintor. Son escritores que al leerlos en sus textos nos hacen sentir el palpitar del corazón de nuestra tierra. 
       De “pintura en el tiempo”, la califica Gonzalo Santonja Gómez-Agero, comisario de la muestra, ya que son “imágenes las suyas literarias que sugieren historias y revelan inquietudes, indagando en el alma de los retratados, revelando misterios y descubriendo obsesiones, lector apasionado que cuenta, poetiza y narra con los pinceles”. 
       Son dibujos clásicos, sin duda, pero tienen mucha fuerza en su trazo. Y componen una curiosa Galería que agradará a los ojos del curioso espectador. Porque a veces el tiempo da razón al olvido y no habrán de quedarnos sino solo palabras que nos salven. Y “es que a fin de cuentas no hay mayor verdugo que el olvido”. 
José María Martínez Laseca 
(16 de septiembre de 2020)

viernes, 11 de septiembre de 2020

La donante

Se entiende por donante a la persona que entrega generosamente algo a otro u otros. Y este es el caso que aquí nos ocupa y que se remonta ya atrás en el tiempo. Con sus protagonistas principales: Juan Antonio Gaya Nuño (Tardelcuende, 1913-Madrid, 1976) y Concepción Gutiérrez de Marco (Soria, 1916-Madrid, 1989), más conocida como Concha de Marco. Que se casaron por lo civil en 1937, durante el conflicto fratricida por antonomasia de nuestro país y que, en 1943, volvieron a hacerlo por la iglesia obligados por el nacional-catolicismo imperante de los vencedores. 
       Consecuencia de los trabajos y los días contracorriente, de los muchos sudores y no menos penalidades compartidos en el contexto de la dictadura franquista, dada la condición intelectual de Juan Antonio como escritor e historiador y crítico de arte, el matrimonio fue atesorando en su pequeño piso-ermita, sito en el número 23, 7º A de la calle Ibiza de Madrid, un rico patrimonio de libros y de cuadros de los principales pintores españoles del siglo XX. Yo recuerdo aquella casa con sus paredes llenas de estanterías que cobijaban dichos volúmenes y algunos lienzos espléndidos colgados. Tras la muerte de su compañero Juan Antonio, en Madrid, el 6 de julio de 1976, Concha de Marco quedó viuda y sola, desapareciendo prácticamente de la escena pública. Ahora el sentido de su vida se centraba en proyectar la vida y la obra de su esposo a quien idolatraba. 
         En 1987, el libro “Juan Antonio Gaya Nuño y su tiempo”, de Ignacio del Río Chicote y quien esto escribe, publicado por la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, vino a sacarla de su ensimismamiento. Supuso todo un revulsivo. Ella pensó encauzar su objetivo existencial a través de una fundación, pero la frenó la evidencia de los fracasos de otras de reconocidos artistas. Dada la fidelidad a su tierra, quiso dejar la herencia al pueblo soriano. Tampoco confió en las instituciones del Ayuntamiento de Soria, ni en la Diputación Provincial. Y se decidió, al fin, por Caja Soria, que le pareció lo más sólido y seguro. Recientemente, José Sotillos, entonces responsable de la Obra Social de la entidad, me recordaba que recibió su llamada telefónica al respecto. Así, el acuerdo con la Caja para la custodia y difusión del legado bibliográfico, documental y pictórico de Juan Antonio Gaya Nuño se formalizó el 15 de enero de 1988 (que se elevaría a escritura pública el 12 de junio de 1989). 
      Con Ignacio del Río y conmigo trató largo y tendido Concha de Marco. Sobre todo, para preparar la exposición “Juan Antonio Gaya Nuño, 1913-1976. Entre el espectador y el Arte”, que fue inaugurada en Soria por el Director del Museo del Prado Alfonso Pérez Sánchez el 16 de febrero de 1990. Pero, Concha no la pudo contemplar, puesto que había fallecido en Madrid el 19 de octubre de 1989. De hecho, la urna con sus cenizas llegó a Soria con el traslado del conjunto de su legado cultural el 9 de enero de 1990. Por eso, el cumplimiento de lo acordado quedaba fuera de su control. Y lo que ella concibió como la Biblioteca-Museo Juan Antonio Gaya Nuño, se fue retrasando en el tiempo. Por la rehabilitación del edificio en donde se iba a ubicar en la Plaza de San Esteban, 1 de Soria y porque lo concerniente a la cultura siempre se hace de rogar. 
        Hubo que esperar a 1996 para la inauguración del que dio en llamarse Centro Cultural Gaya Nuño. Aún transcurrieron diez años más para su apertura al público en general. La cosa se complicó después con las fusiones y el proceso de reorganización de las antiguas cajas de ahorros. Todo lo que parecía sólido se licuaba. Hasta desembocar en Fundos (Fundación Obra Social de Castilla y León). El convenio aprobado por el Pleno de 12 de diciembre de 2019, otorgaba al Ayuntamiento de Soria la gestión conjunta con dicha fundación para un periodo de cinco años. 
       De ahí que este jueves, 10 de septiembre de 2020, se proceda a una nueva reapertura del Centro Cultural Gaya Nuño. En el mismo sitio, si bien ahora rotulado como Plaza de las Mujeres, 1. Esperemos, pues, que de una vez por todas fructifique el deseo de Concha de Marco. El de una gran mujer, con arrestos, en tierra de hombres. La generosa donante de un verdadero tesoro cultural. Poeta, por añadidura, a la que debiéramos mostrarnos agradecidos. Con una calle a su nombre en su querida ciudad, por ejemplo. Porque es de bien nacidos. 
José María Martínez Laseca 
(9 de septiembre de 2020)

jueves, 3 de septiembre de 2020

Sale agosto y entra septiembre

“Sale agosto y entra septiembre: / unos trillen y otros siembren”, señala en dos de sus versos el canto acostumbrado de “Las marzas” de Espejón, coreado por los mozos en la noche del 28 de febrero al 1 de marzo para recibir a la primavera, y en el que se caracterizan los diferentes meses del año según sus afanes, como se puede ver en el libro “De hoy en un año. Ritos y tradiciones de la provincia de Soria”, que publiqué, junto con Luis Díaz Viana, en 1992. Iba en consonancia con el calendario agrícola, que seguía el ritmo de las cuatro estaciones, marcado por el rotar de la tierra alrededor del sol y, también, bajo el influjo siempre misterioso y enérgico de la luna. 
       Escribo, una vez más, desde mi pueblo de Almajano. “Retirado en la paz de estos desiertos”, como advirtió Quevedo. Junto al extenso mar de rastrojos amarillos de los campos de cereal, engullidos por las voraces cosechadoras de ancho peine para extraer el grano de sus espigas y dejar un reguero de paja, después empaquetada en enormes alpacas con formas de prisma rectangular o cilíndrico. Y pienso en aquellos primeros agricultores y ganaderos. A ninguno se nos oculta la importancia que sigue teniendo hoy en día el cultivo de plantas como el trigo, el maíz o el arroz, y la cría de animales como los cerdos, las ovejas o las vacas. Si dichos agricultores y ganaderos no se dedicaran a su cultivo y crianza, sin duda que padeceríamos una gran carencia de alimentos. 
       Campesina, por su dedicación a tareas vinculadas a la tierra, ha sido tradicionalmente la inmensa mayoría de la gente asentada en nuestra provincia de Soria. Cuando los pueblos estaban repletos, con sus casas habitadas. Estructurados, pues había ancianos, hombres y mujeres trabajadores, mozas y mozos, niños y niñas, conformando los distintos escalones de una pirámide social bien construida. Dentro de una economía de subsistencia. Con mucha dependencia del agua caída de los cielos y de ahí sus creencias religiosas, encauzadas en su liturgia y en sus fiestas de guardar por el calendario del año cristiano. 
       A partir de finales de los cincuenta, coincidieron el desarrollismo español y la progresiva mecanización de las tareas agrícolas, con lo que el excedente de mano de obra del campo fue buscando un mejor porvenir en las fábricas de las grandes ciudades. Comportó el éxodo masivo o la denominada sangría de la despoblación, que dejó a nuestra Soria vaciada. Media docena de tractores roturan hoy todo un término municipal, apenas quedan pastores con rebaños de ovejas y las abundantes granjas de cerdos están automatizadas. 
       Muchos de esos nuevos urbanitas regresaban, de vacaciones en agosto y recargaban de vida a sus pueblos de origen. Por eso la mayoría de ellos mudaron sus fiestas patronales a este mes veraniego para celebrar así el gozoso reencuentro. Bien es cierto que este año, por culpa de la pandemia de la Covid-19, se han suprimido tales celebraciones, en evitación de contagios. No obstante, el desplazamiento evidente de gente desde la ciudad al campo ha tenido un efecto de huida del mundanal virus, buscando refugio en zonas rurales tenidas por más tranquilas y seguras. 
       Sale agosto y entra septiembre y regresan a sus casas aquellos que partieron. El calendario laboral también impone su tiempo a los trabajadores. Además, se inicia el curso escolar tan determinante en la vida cotidiana de las familias. Por ende, en septiembre se reanuda el curso político, con su riña de gatos y el mayor interés centrado en la aprobación de los próximos Presupuestos Generales del Estado. Y torna la liga de fútbol con su modorra. Y el coleccionismo en entregas por fascículos. Es un volver a empezar. Esta vez dentro de un tiempo extraño. De incertidumbre, por el Coronavirus. Que todo lo somete a su dictadura. En espera de la vacuna prometida. Sale agosto y entra septiembre: / unos trinen y otros siembren. 
José María Martínez Laseca 
(3 de septiembre de 2020)