martes, 29 de mayo de 2018

Entre luces

Trae, Carmen Pérez Aznar, para exponerla en la plaza pública, la última cosecha de su obra plástica, elaborada con tesón en su Estudio. Concretamente, en el Centro Cultural Palacio de la Audiencia de Soria, a lo largo de este mes de mayo. Se ha hecho bastante de rogar, por deseada, quien aparece en la fotografía retrospectiva del catálogo como una joven inquieta. La que fuera integrante-fundadora del mítico Grupo SAAS, en aquella Galería de Antonio Ruiz, ante la especial comparecencia del crítico de arte Juan Antonio Gaya Nuño y su esposa la poeta Concha de Marco. Se la ve allí, escoltada por sus compañeros Marcos Molinero –autor del prólogo– y Ulises Blanco, a quien tanto apreciaba y al que rinde homenaje. Cuelga un total de 42 cuadros, con un mayor formato los de la parte superior de la sala. Pintados al óleo los más –junto a algunos acrílicos–, sobre tabla, lienzo y papel. Agrupados en diferentes colecciones por las temáticas tratadas. Con sus cuartos de atrás entre luces y sombras. Sus bodegones, acaso más expresionistas. Figuras de personas corrientes, misteriosas y anónimas, porque no dan la cara y las vemos de espaldas o de perfil, visitando el museo. Y paisajes variopintos.
Siente, Carmen Pérez Aznar, predilección por los tonos oscuros de su cromática paleta. Como el negro y los grises, que combina con el blanco, y que luego ilumina con gracia en sus cuadros, alejándolos así del frío tenebrismo. Se aprecia en todos ellos una especie de adivinación poética instintiva. Al modo del realismo mágico que nombrara Franz Roh para describir aquel tipo de pintura que mostraba una realidad alterada. Porque, Carmen Pérez Aznar es capaz, a través de su juego con la luz y las sombras, partiendo de la ubicación y época del año, según las estaciones, de dirigir la mirada del espectador, al igual que un gran director de cine, hacia aquellas zonas de la imagen que son realmente importantes, dentro de esa historia recóndita que nos quiere contar.
Obra de madurez, sin duda. De quien lleva ya mucho tiempo articulando el lenguaje de la pintura. Viviéndola con pasión. Tendiendo con su pincelada cada vez más suelta hacia la abstracción. Pero, por mucho que les cuente biografías, no les voy a transmitir yo las emociones que Carmen Pérez Aznar experimentó al pintar estos cuadros. Lo mejor es que se acerquen a mirarlos.
José María Martínez Laseca
(17 de mayo de 2018)

El cosmos de Bastida

Estos primeros días de mayo de 2018 –50 años después de aquella revuelta estudiantil y obrera de Mayo del 68 francés, que reclamaba un mundo diferente desde su conocido lema “ser realistas, pedid lo imposible”–, nos convoca la muestra pictórica, que realiza en la galería porticada del IES “Antonio Machado”, el amigo de muchos y compañero de tareas docentes Enrique Bastida. Desde la Asociación de Amigos del Machado que, pese a su reciente constitución, viene desarrollando una serie de actividades culturales abiertas a todos los públicos. Este es el caso de las exposiciones pictóricas, que inició el pasado año con la realizada por el buen amigo, inesperadamente fallecido, Fidel Llorente, pintada con la boca.
Por darle continuidad pensamos en Enrique Bastida. Y pudimos convencerle para que sacara los cuadros apilados en su estudio y los regalara a la mirada del curioso espectador. Y ahí los tienen ustedes, colgados de la pared, delante de sus ojos. Más de 50 obras realizadas estos dos últimos años, con diferentes tamaños y aplicando técnicas diversas. Así, se cuentan óleos, los más, aunque también hay acrílicos, acuarelas y lápices de colores. Conforma de este modo su particular universo. “Lo primero, señor, es tener un cosmos propio”, decía Eugenio D´Ors. Todo un mundo de impresiones personales. Si de extraer un denominador común al mismo se tratara, este no sería otro que su toque iconoclasta, ya que se posiciona frente a aquellas imágenes que se consideran sagradas en la historia de la pintura, como pudieran ser “El Guernica” de Picasso, “El papa Inocencio X” de Velázquez, “Viejas comiendo la sopa” de Goya, etc., junto a otros del pop art, para interpretarlos y conformarlos a su antojo.
Es, en consecuencia, esta manera de posicionarse frente al arte de la pintura, desde una filosofía lúdica, divirtiéndose en la manufactura de cada cuadro, lo que los lienzos rezuman por sus poros. Dada su afición por el cómic. No es ajena a ello su larga dedicación de viñetista, ejercida durante mucho tiempo en las páginas del “Diario de Soria”, con la firma de Quique. En nuestra Soria, la primavera tarda, como estamos comprobando especialmente en este año de prolongado invierno, pero es muy tierna y dulce cuando llega. Enrique Bastida nos la consagra aquí con esta explosión de formas y colores que alegran sus pinceles.
José María Martínez Laseca
(10 de mayo de 2018)

sábado, 5 de mayo de 2018

Entrentenimiento

Enseguida mi avezado lector me dirá que me he equivocado, que sobra una n. Que tenía que haber escrito entretenimiento, nombre, que según el diccionario de la RAE, respondería a las siguientes acepciones: 1. Acción y efecto de entretener o entretenerse, 2. Cosa que sirve para entretener o divertirse, 3. Mantenimiento o conservación de alguien o algo, y 4. Ayuda de costa, pensión o gratificación pecuniaria que se daba a alguien para su mantenimiento. Pero no se trata de ningún error, ya que yo lo he hecho a posta. Al modo y manera en que Luis Piedrahita, el cómico del espectáculo “Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas”, suele jugar creando nuevos vocablos que deben responder semánticamente a realidades nuevas o cuanto menos llamativas. Así pues, entrentenimiento, forzando un tanto su análisis morfológico, sería una palabra derivada, conformada de la siguiente manera: en-tren-te-ni-miento. El prefijo en-, que significa “dentro de” o “sobre”, el lexema -tren- o sea, “vehículo constituido por varios vagones arrastrados por una locomotora, que circula sobre raíles y se utiliza para transporte de personas o de mercancías”; los interfijos -te- e -in- (también llamados infijos) que nada significan y solo sirven de pegamento entre el lexema y el sufijo, que aquí es -miento, referido al concepto de “acción” o incluso a la idea de “consecuencia”, “efecto” o “resultado”. 
      Este análisis resulta sumamente interesante, máxime si nos preocupamos del por qué de las cosas. En nuestro caso relacionado con un tren tan entrañablemente nuestro como “El Torralbilla”, que cubre la línea Soria-Torralba, y que es nuestro cordón umbilical con Madrid en pleno siglo XXI. Porque, efectivamente: 1. Es un tren de viaje entretenido en la contemplación del paisaje que atraviesa, 2. Es divertido cual el “tren chispita” infantil y con suspense, por su incierta llegada; 3. El mantenimiento o conservación de su vía lleva una aceleración de ejecución similar a su velocidad de desplazamiento, y 4. En tanto en cuanto el servicio que presta fue declarado Obligación de Servicio Público, se encuentra pensionado por el Estado, que cubre los costes de su déficit de explotación. 
      Pero hay luz a la salida del túnel: el autobús que nos conectará con el AVE en Calatayud. 
José María Martínez Laseca
(3 de mayo de 2018)

lunes, 30 de abril de 2018

Cruzar la raya

Mis padres llegaron a nonagenarios. Entre los dos hacían uno, solía decir bien Y, pues se valieron por ellos mismos, ya que las carencias de uno las suplía el otro. Siempre estuvieron vinculados a la tierra, como sus viejos antepasados celtiberos, a su querido pueblo de Almajano, donde nacieron. Apenas salieron de él de solteros. Mi padre estuvo trabajando de sirviente en el Campillo de Buitrago y, más lejos, cuando hizo la mili, primero en Calatayud y después en Jaca (Huesca), en el Fuerte Rapitán. Mi madre a Zaragoza, de criada de alguna familia pudiente. Pero, ya casados se dedicaron por entero a las tareas agrícolas.
Con su yunta de vacas tirando del rusán para labrar unas  fincas de cultivo de cereal, pequeñas y dispersas. Y algunas ovejas que se incorporaban al rebaño de pastor compartido. El suyo era un modo de vida casi del neolítico, donde todo se hacía con las manos. Regido por un modelo económico de mera subsistencia. Para sobrevivir al medio rural y poder dar de comer a los cuatro hijos que les fueron naciendo. Todos esas escenas: arar, sembrar, abonar, escardar , segar, acarrear, trillar, aventar y subir el grano en sacos al granero y meter la paja en lenzuelos en el pajar son memoria de mi infancia. La mecanización se implantaría progresivamente. Recién, murió mi padre. Y mi madre sola carece de plena autonomía. Así que los hermanos nos turnamos semanalmente para cuidarla como es debido. Ello me obliga, cuando me toca a mí la vez, a permanecer dos días con sus noches en la casa familiar, que no es ya aquella de antaño donde yo nací y convivíamos personas y animales, pero que, rehecha de nueva planta y con las comodidades actuales, ocupa el mismo sitio.
Pero la vieja casa, como un fantasma asalta mis recuerdos. Hecha de teja, madera, adobe y piedra de mampostería. Con su portón de entrada y sus ventanas chiquitas orientadas al este. Con su corral, donde se amontonaba el cieno y la trellada de carrasca que lo cobijaba. Una parra de uva negra recorría la fachada de derecha a izquierda según se mira. Desde esa casa mi hermano mayor y yo acudíamos a la escuela de los chicos. Con el temido don Teófilo, al que siguió don Ángel. Al concluir, mi padre me llevó al Instituto de Soria para hacer la prueba de ingreso. La aprobé. Y así crucé la raya que me condujo a un mundo nuevo. Todavía me sigo preguntando: ¿por qué tuvimos que partir de orígenes?
José María Martínez Laseca
(26 de abril de 2018)

domingo, 22 de abril de 2018

La Saturiada 2018

Por sexto año consecutivo, la Hermandad del Santero, integrada por sus cofrades vinculados con la vida cultural soriana, en colaboración con el Ayuntamiento de Soria, organiza el ritual de La Saturiada. Lo hace en una fecha tan señalada como es el 23 de abril. En primavera, aunque este año se nos esté haciendo de rogar con sus lluvias y nevadas. Coincidiendo con otras convocatorias como el Día del Libro, en la onomástica de los geniales Cervantes y Shakespeare, y con la Fiesta de nuestra Comunidad de Castilla y León, que este año conmemora el 35 aniversario de la aprobación de su Estatuto de Autonomía.
Se trata de una sugestiva ruta literaria. Un andorreo –dado que el caminar define el modo en que vemos el mundo–  por las calles del centro histórico de la ciudad de Soria, renovando  el itinerario petitorio que seguía el santero encargado del cuidado de la ermita de San Saturio, colgada, cual nido de golondrina, de los peñascales junto a la margen izquierda del río Duero.  Arrancando, pues,  desde la ermita se irán mojonando doce estaciones frente a lugares emblemáticos como la Plaza Mayor, el Museo Numantino, la Plaza de Toros, el Instituto Antonio Machado, etc., para desembocar en el Círculo Amistad-Numancia. En cada una de estas paradas se procede a la lectura en voz alta del capítulo correspondiente de ese libro de esencias que es “El Santero de San Saturio” de Juan Antonio Gaya Nuño, escrito a modo de quincenario, donde a lo largo de un año se efectúa un juicio crítico de todo lo identitario soriano, con sus vicios y sus virtudes. Un libro que muchas ciudades envidian a Soria y que fue publicado en su primera edición por la editorial Castalia, dirigida por Antonio Rodríguez Moñino y Brey, en 1953. Todo el recorrido se ve amenizado por las músicas del dúo Sochantría. Para esta ocasión hay un marcapáginas con el romance “Las mujeres del Santero” (por la igualdad de las almas) y un cuadernillo con los avispados “Versos donde se canta y se cuenta La Saturiada 2018”.
Inspirada en la Bloomsday de Dublín, en recuerdo al “Ulises” de Joyce, y en La noche de Max Esrtrella de Madrid, sobre “Luces de Bohemia” de Valle-Inclán, La Saturiada es una clara apuesta cultural por la capacidad crítica del pensamiento propio para así poder dialogar de un modo constructivo desde la inteligencia.
José María Martínez Laseca 
(19 de abril de 2018)


Arte y literatura

Siempre que voy a Madrid aprovecho para visitar algunas de las exposiciones programadas por sus grandes Museos y Fundaciones. Suelo hacerlo acompañado de mi buen amigo el pintor Ignacio del Río Chicote. Al ser variada y muy interesante la oferta, tenemos que elegir entre todas ellas. Así lo hicimos este pasado fin de semana abrileño en que la lluvia nos concedió una pequeña tregua de sus aguas mil. Optamos, finalmente, por dos.
A la primera (hasta el 6 de mayo) nos acercamos en la mañana del sábado. Corresponde al Espacio Miró de la Fundación Mafre, sita en Recoletos, con el rótulo: “Derain, Balthus, Giacometti: una amistad entre artistas”. Pero, por encima de esa amistad, André Derain (1880-1954), Balthus (Balthasar Klossowski, 1908-2001) y Alberto Giacometti (1901-1966)  coinciden en la admiración que sienten por el arte del pasado, y que combinan con la orientación moderna del contexto artístico en el que viven, al tiempo que tratan de prestar atención a esa realidad maravillosa y desconocida que tienen ante sí. Bien se le puede aplicar a su actividad creativa la expresión de Eugenio D´Ors: “lo que no es tradición es plagio”. La muestra incluye una selección de más de 200 piezas, entre pinturas, obra gráfica y esculturas, principalmente de los años 20 a los 60, y repasa los momentos cruciales de la amistad entre estos tres artistas. A fin de cuentas, sus miradas, nunca antes confrontadas, coinciden en la exigencia de lo que debe ser la obra de arte.
A la segunda (hasta el 7 de mayo) fuimos en la mañana del domingo. Se exhibe en el Museo Nacional de Arte Reina Sofía con el sugerente título: “Pessoa. Todo arte es una forma de literatura”, tomado de Álvaro de Campos, uno de entre los más de 100 heterónimos que utilizó el genial poeta Fernando Pessoa (1888-1935). Paulismo, Interseccionismo o Sensacionismo son algunos de los términos acuñados por el vate lisboeta en sus numerosos textos y que vertebran la especificidad de la modernidad portuguesa. Esta exposición recurre a esos ismos para articular un relato visual de esta escena lusa, reuniendo para ello una selección de obras de José de Almada Negreiros, Amadeo de Souza-Cardoso, Eduardo Viana, Sarah Affonso o Júlio, entre otros, relacionadas con las principales corrientes estéticas portuguesas desde comienzos del siglo XX hasta 1935. Una gozada.
 José María Martínez Laseca
(12 de abril de 2018)

Inmuebles

A la hora de darnos un significado a esta palabra, el Diccionario de la Lengua Española de la RAE resulta muy lacónico, ya que nos dice simplemente: “casa (edificio para habitar)”. Al amplificar algo más su acepción, la busco en un diccionario de uso que me aclara: “Dícese de los bienes no trasportables, como tierras, edificios, construcciones o minas, así como de los adornos, artefactos o derechos considerados no muebles”. Aunque, también, acaba aquí sintetizándolo en “casa, y especialmente edificio de varios pisos”. Con esto último me quedo para mi reflexión sobre la problemática que aquí nos ocupa. Y aún me acojo a su etimología latina “immobilis”, o sea inmóviles, lo que se traduciría al lenguaje coloquial como “so” o “quieto parao”. Así, sin inmutarse lo más mínimo, llevan traspasada la raya del tiempo donde ya se nos acaba la paciencia varios edificios de más de un piso y considerable volumen, dentro del casco urbano de nuestra ciudad. Son bienes que pertenecen al propio municipio u otra entidad local, autonómica o estatal y que están destinados al aprovechamiento de sus vecinos o ciudadanos. A veces incluso tienen un cierto abolengo, por ser heredados de nuestros abuelos o antepasados.
            Y podemos contemplarlos, de norte a sur y de este a oeste, cuando paseamos, desperdigados  por esta capital, envueltos en esa telaraña de desidia que suele ser el anticipo de toda ruina, si no de su continente, sí de su contenido, uso o utilidad. Que hay una larga relación de esos inmuebles públicos cuestionados, que emergen como cadáveres de ahogados a la superficie. Podemos empezar por la cárcel, eufemísticamente centro penitenciario, pues penitentes somos todos, en el compás de espera desesperado de su terminación y apertura de una vez. Como en lista de espera se encuentra también el rimbombante Centro de Referencia Estatal de Atención Sociosanitaria para personas dependientes, que lleva cuatro años cerrado. O el que fuera Banco de España, ahora aspirante a subdelegación del Gobierno. El otrora restaurante Alameda en el parque central de la Dehesa. Incluso el Mercado Provisional de la plaza Concepciones, pendiente de traslado quién sabe a dónde. Sin olvidarme tampoco del Colegio Universitario, ni del Cuartel de Santa Clara. No son bienes mostrencos, si bien quedan en manos de irresponsables tales, por ignorantes o tardos en discurrir. 
José María Martínez Laseca
(5 de abril de 2018)