viernes, 13 de mayo de 2016

Con la educación

¿Es realmente la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE), impuesta por el PP, una oportunidad para renovar la enseñanza? ¿Por qué, entonces, los demás partidos políticos abogan por derogarla con una transición pactada mientras se elabora una nueva ley más inclusiva y democrática? El pasado viernes, 7 de mayo, vino a Soria el exministro de Educación, Ángel Gabilondo para participar en una jornada organizada por el PSOE de Soria. En cierto modo, suponía una repetición de la ya realizada el domingo 6 de marzo de 2011, mucho más impactante en su puesta en escena, y en la que el entonces Ministro y el Alcalde de Soria se comprometieron a rendir en el 2014 un homenaje al promotor del krausismo en España, Julián Sanz del Río, con motivo del bicentenario de su nacimiento, y que no pudo ser.
En amena exposición, que, junto con el posterior coloquio, se prolongó durante hora y media, el filósofo y actual portavoz socialista en la Asamblea de Madrid, fue desgranando los muchos aspectos que concurren en materia de educación, cuyo objetivo primordial es la formación integral de los alumnos tanto en conocimientos como en actitudes y valores. Y habló de la educación como derecho, desde la equidad para la igualdad en la oportunidad. De la implicación de toda la comunidad educativa. Del respeto a los profesores, cuya formación inicial es clave. De la enseñanza de la religión y del necesario laicismo. De los deberes y del esfuerzo requerido, ya que si no se estudia el saber se oscurece. De las polémicas reválidas externas y de la prueba de selectividad.
Y comentó el porqué –aun siendo él un hombre de talento y buen talante– no fue posible bajo su mandato rubricar el Pacto Educativo, tan reclamado por toda la sociedad y que él impulsó; máxime cuando se habían alcanzado acuerdos parciales en 155 puntos. Pese a ello, se mostró partidario de construir un país digno, desde el respeto a la discrepancia. Siempre positivo dijo, citando a Galeano: “dejemos el pesimismo para tiempos mejores”. Y reconoció a la educación y a la cultura como los dos elementos claves para la inserción social. Al conocimiento como la mayor riqueza y la mejor herencia. Que solo con el saber y no con las vísceras podremos salir a flote de la crisis actual y de la situación política de bloqueo en la que nos encontramos.
José María Martínez Laseca
(12 de mayo de 2016)   

Iberus

El maestro nos refería las disputas por el control del Mediterráneo –con Hispania de por medio– entre las dos grandes potencias del momento: Roma y Cartago. Y crecía nuestro asombro niño al oír las gestas de tres generales cartagineses de la saga de los Barca: Amílcar, Asdrúbal y Aníbal, capaces de poner en jaque al todopoderoso imperio romano. Destacaba Aníbal, tenido por uno de los mayores estrategas de la historia y cuya vida ha pasado a películas y novelas. Recién, la prensa comentaba un estudio de arqueólogos y microbiólogos basado en el hallazgo de antiguos excrementos de caballos en el Col de la Traversette, que podría aclarar el misterio de por dónde, tras partir de Sagunto en la primavera del 218 a. C. y cruzar los Pirineos por el sur de Francia, había pasado Aníbal los Alpes en otoño al frente de un ejército mercenario de 30.000 hombres, 15.000 monturas de caballería y 37 elefantes. Tan difícil operación le hizo perder sus elefantes y otros efectivos, si bien alcanzó la Península Itálica y triunfó en el río Trebia y en el lago Trasimeno. Pero, el gran choque armado, en esta Segunda Guerra Púnica, tendría lugar en agosto del año 216 a. C. cuando Aníbal se enfrentó a las legiones romanas al mando de los cónsules Emilio Paulo y Terencio Varrón en la batalla de Cannas. 
Es en este contexto histórico donde se enmarca “Iberus”, la segunda novela de Pablo Incausa García (antes fue “Niebla en la trinchera” (2014), ambientada en Verdún (1916), la ofensiva más larga de la Primera Guerra Mundial). Con un narrador omnisciente en tercera persona, y la clásica trama de planteamiento (presentación de los guerreros sedetanos), nudo (con la muerte de su líder) y desenlace (retorno de los supervivientes a su aldea), nos cuenta las vicisitudes de un grupo de íberos del Valle del Ebro que, insertado en el ejército cartaginés, participa en tan célebre –por la táctica de Aníbal­– como sangrienta contienda, tenida por “la madre de todas las batallas”. Dos hermanos con  personalidades opuestas: Terkinos, el mayor y más reflexivo, y Abiner, muy impulsivo, son sus protagonistas. El relato evidencia la metamorfosis del menor. Su lenguaje ágil, claro y preciso, tanto en la narración como en las minuciosas descripciones y en los diálogos, hace sumamente placentera esta lectura, tan recomendable.  
José María Martínez Laseca
(8 de mayo de 2016)

viernes, 6 de mayo de 2016

El Parador cincuentón

El hombre ha sentido siempre la necesidad de salir de su entorno cotidiano. De viajar para experimentar lo desconocido. Y a esas actividades tendentes a conocer o disfrutar de esos lugares diferentes a aquellos en los que se vive de manera habitual es a lo que llamamos turismo. Sabido es que el turismo se ha convertido en un importante reactivador económico, en motor de desarrollo para muchos territorios. A tal fin, las administraciones se esmeran en generar planes de dinamización turística, tratando de captar una parte de esos numerosos turistas que se movilizan. Y, tanto desde la iniciativa privada como desde la pública, se han ido implantando las infraestructuras necesarias para su recepción y alojamiento.
En lo que a Soria se refiere, dada su reducida oferta hotelera inicial, cabe calificar de todo un revulsivo la construcción del Parador Nacional de Turismo “Antonio Machado”. Y no lo digo por el número de habitaciones que entonces aportaba: solo 14, sino por lo que significó de apuesta de calidad y, en consecuencia, de cambio de tendencia.  Bien es cierto que  el Ayuntamiento le ofreció al Gobierno unos terrenos en la Huerta de San Francisco, pero, dado que estos hoteles de alta categoría buscaban edificios emblemáticos o localizaciones destacadas para su emplazamiento, acabaría ubicándose en el alto cerro vigía del Castillo, con bellas vistas panorámicas tanto al meandro del río Duero en torno a Soria, cuanto al monte Moncayo, allá en el horizonte hacia Aragón. Más tarde, se reformaría, ampliando sus estancias y recientemente creció hasta las 67 habitaciones, ya en un nuevo edificio.
Ahora, el Parador cumple sus 50 años de existencia, porque fue inaugurado el día 16 de noviembre de 1966 por el Ministro de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne, acompañado para la ocasión por las autoridades provinciales y locales, sin que faltara el obispo Saturnino Rubio Montiel, que lo bendijo. Para mí, lo más grato fue la presencia de los poetas Federico Muelas, Antonio Canales, Rafael Penagos, Victoriano Crémer, José Luis Prado Noguera, José García Nieto, Manuel Alcántara y Luis López de Anglada, que tejieron una hermosa corona poética en homenaje a Antonio Machado. Y ello no es baladí, cuando se pretende proyectar a Soria como la bien cantada: la ciudad de los poetas. ¡Lástima que al cumpleaños no se invitara a ningún poeta!
José María Martínez Laseca
(5 de mayo de 2016)            

Luchar para sobrevivir

La literatura se advierte como parábola de nuestras vidas. Entre las ideas afines a la palabra parábola: fábula, cuento, narración, alegoría, metáfora, comparación, apólogo, ejemplaridad, etc. Y la capacidad de fabulación humana es un mecanismo de defensa propia frente a la intemperie de un mundo que, en ocasiones, resulta demasiado hostil. Claro botón de muestra, al caso, es el Libro de los ejemplos del infante Don Juan Manuel, donde el ayo, Patronio, se sirve de ellos para que aquello que se trata sea mejor comprendido por el Conde Lucanor. Reafirmándolo en una concluyente moraleja. En tal sentido traigo yo aquí esta “Parábola de la mula”.   
Había un campesino que luchaba con dificultad por sobrevivir al medio rural. Tenía un par de mulas que le ayudaban en las tareas agrícolas de su pequeña hacienda. Cierto día, un vecino le trajo la mala noticia de que una de sus mulas se había caído en el pozo abandonado a las afueras del pueblo. El agujero era profundo por lo que resultaría difícil salvarla.
El campesino acudió presto al lugar del incidente, y analizó la situación, viendo que el animal estaba vivo. Empero, dada la dificultad para sacarlo del pozo, entendió que por su alto coste no valía la pena invertir en el rescate.  Y, para evitar que la mula sufriese, optó por sacrificarla enterrándola allí mismo. Con la ayuda del vecino, comenzaron a arrojar tierra al pozo para cubrirla.  No obstante,  a medida que la tierra iba cayendo sobre la pobre mula, esta se la sacudía de encima, con lo que  el montón se iba acumulando en el fondo, ofreciendo,  de este modo, a la mula la posibilidad de ir ascendiendo poco a poco.  Pronto, los dos enterradores se dieron cuenta de que, pese a lo que ellos pretendían, la mula no se dejaba enterrar, sino que muy por el contrario,  estaba ya asomándose al brocal del pozo,  hasta que, por fin, logró salir sana y salva al exterior.
Por tanto, cuando tú, por sentirte poco valorado, te encuentres sumido en el pozo, viendo como otros arrojan sobre ti tanto la incomprensión como la falta de oportunidades y de ayuda, recuerda esta parábola de la mula. Y no aceptes nunca resignado esa tierra que te van echando encima: sacúdetela y aúpate sobre ella. Y cuanta más tierra te lancen, tú irás subiendo más y más arriba… ¡Hasta la cumbre! SOLO SE ENTIERRA A AQUELLOS QUE YA ESTÁN MUERTOS.
José María Martínez Laseca
(28 de abril de 2016) 

viernes, 22 de abril de 2016

Abril y 23, cita obligada en Soria con "La Saturiada"


Este sábado, 23 de abril, se realiza en la ciudad de Soria el ceremonial de “La Saturiada”, que cumple ya su cuarta edición y que este año tendrá un especial recuerdo para el escritor Juan José Peracho, autor de “Numancia. El año que no vinieron las golondrinas…”, uno de los integrantes de la Hermandad del Santero, organizadora del evento, recientemente fallecido.  
            Se trata de una ruta literaria urbana que rinde homenaje al historiador y crítico de arte soriano, pero escritor ante todo, Juan Antonio Gaya Nuño. De ahí que gire en torno  a su obra más conocida: “El Santero de San Saturio”. Un libro de esencias que –al decir del crítico literario Luis Horno Liria– “muchas ciudades envidian a Soria”. Y cuya lectura es muy recomendable, tanto para los sorianos, a fin de encontrarse a sí mismos, cuanto para los forasteros que, de ese modo, podrán adentrarse mucho mejor en el conocimiento de la ciudad del alto Duero.
            “El Santero de San Saturio”, junto a “Campos de Castilla” de Antonio Machado y a “Soria sucedida” de Gerardo Diego, forma parte de esa trilogía de libros de referencia que hacen que Soria figure en el mapa cultural de España. Cabe decir, no obstante, que frente a los dos antedichos poemarios, la obra en prosa de Gaya Nuño rompe un fanal o maleficio, puesto que no plasma una vivencia sublimada, sino mucho más cruda de esa realidad “en carne y hueso”. Por ser un quincenario “El Santero” se estructura en 24 capítulos y acomete a lo largo de todo un año  el juicio crítico de Soria y los sorianos en todas sus manifestaciones.
            El hecho de que “La Saturiada” coincida con la Fiesta de Castilla y León y con el Día del Libro hace que se multipliquen sus connotaciones, ya que también se ha de entender “El Santero” como una obra identitaria. No olvidemos que este evento soriano debe su inspiración a la ‘Bloomsday’ de Dublín en honor al “Ulises” de James Joyce, al igual que a “Las Noches de Max Estrella” de Madrid, en homenaje a “Luces de Bohemia” de Valle Inclán.
            Aquí, el ritual comienza a las 17,30 h. en la ermita de San Saturio, con el nombramiento de santero, y prosigue su itinerario de desfile callejero por la ciudad, mojonado en doce estaciones, por la Plaza Mayor, Museo Numantino, Mercado, Plaza de Toros, Bar Silencio, Bar Soan, Santo Domingo, Plaza del Vergel, Instituto Antonio Machado y Centro Cultural Gaya Nuño, finalizando en el Casino Amistad Numancia. En cada parada se lee un capítulo seleccionado de la obra de J. A. Gaya Nuño, que va precedido del recitado de unas irónicas coplillas alusivas a los acontecimientos más sobresalientes de la actualidad.
            Es, pues, una fiesta participativa, abierta a todos los públicos, pues la ciudad cobra su pleno sentido cuando los vecinos salen de sus casas a las calles y a las plazas y se relacionan los unos con los otros. Y es, por ello, fiesta de la imaginación y de la cultura. Con el reclamo del amor a la lectura, ya que leer, entender y pensar conduce a tener ciudadanos más sensibles, creativos y críticos. Y, en consecuencia, más libres y mucho más  responsables a la hora de forjar un mejor proyecto colectivo de futuro.
José María Martínez Laseca
(22 de abril de 2016)

Jurados de Cuadrilla

Daría mucho que hablar referirse a las atribuciones, labor y  modo de elección de los Jurados de Cuadrilla que, unas veces por el paso del tiempo y otras por la intervención de ciertas autoridades, les han ido privando de su auténtico significado. Su cometido, otrora a lo largo de todo el año como alcaldes menores o de barrio, se ha visto reducido al de figura central de las Fiestas de San Juan, desde un punto de vista organizativo, para así mejor “servir la fiesta a los vecinos de su cuadrilla”. En tal sentido, la ciudad de Soria se divide hoy en 12 cuadrillas, por lo que deberá haber 12 Jurados (parejas) al frente de las mismas. Inicialmente el Jurado (en singular) se elegía por parte de los vecinos de la cuadrilla al inicio del año. Una disposición del Ayuntamiento, de 1887, acordó designar a los Jurados por sorteo, entre las personas que, a juicio de la Corporación, estuviesen en condiciones de desempeñar el cargo. Después vino la figura del Jurado voluntario, como ya se constata en la cuadrilla de San Esteban en 1946, y que ahora es la fórmula dominante. Por consiguiente, cuando esto no se produce –y ya van unos cuantos años de cierta desgana, sobre todo en determinadas cuadrillas– se tira de “terna” y sorteo para su nombramiento, de acuerdo con los artículos 7, 8 y 9 de las actuales Ordenanzas de Fiestas de San Juan de 2002. Habría que analizar detenidamente las causas de tan reiterada desafección del espíritu sanjuanero, a fin de subsanar el problema, y entre las que no dudo se encontrarían muchas maniobras de favores y concesiones habidos.
Al cavilar sobre lo anterior he recordado lo que a mí me aconteció en relación con este mismo asunto. Corría el año de 1991. Con fecha 8 de abril, la Comisión de Festejos me propuso ser Jurado de Santa Catalina. Respondí el mismo día. Entonces estaban vigentes las Ordenanzas de 1899 que excluían a quienes “hayan ejercido o ejerzan  cargos municipales o provinciales”. Pese a alegar dicha incompatibilidad, me metieron en la “terna”. Con todas las papeletas a mi nombre, resulté, obviamente, elegido. Insistí en esas y otras razones que me  dificultaban asumirlo. Les convencí y, ya exento, me propuse voluntario. Tuvimos que acelerar. Esos sanjuanes fui el pregonero. ¡Viva San Juan y la madre / de todo el que lo celebra!, concluí. Han pasado 25 años.     
José María Martínez Laseca
(21 de abril de 2016)

domingo, 17 de abril de 2016

La II República

Hoy se cumple el 85 aniversario de la II República española. (La primera solo duró desde el 11 de febrero de 1873 hasta el 29 de diciembre de 1874). A las 7,30 h. de la tarde del martes 14 de abril de 1931, dos automóviles, que habían partido de Príncipe de Vergara, Madrid, trataban de abrirse paso por entre el exultante gentío que, conforme avanzaban hacia la Puerta del Sol, se hacía masa impenetrable. En el coche primero iban el conservador Miguel Maura y el líder socialista Largo Caballero. En el otro, los jefes políticos Niceto Alcalá Zamora, Fernando de los Ríos, Alejandro Lerrux y Álvaro de Albornoz. Todavía, en un tercer auto, viajaban el izquierdista gallego Santiago Casares Quiroga, y el ateneísta Manuel Azaña. El avance de los tres coches fue lentísimo. Cuando por fin alcanzaron el Palacio de la Gobernación, se abrió su puerta y la Guardia Civil se cuadró y saludó, dejando pasar a quienes compondrían el Gobierno provisional de la nueva República.
Mientras eso sucedía en la calle, en el Palacio Real, Luis Asúa, intendente de la Real Casa, se apresuraba en preparar el equipaje de Alfonso XIII para su marcha al exilio, tras 29 años como rey de España. Solo unos pocos leales lo despidieron. El Consejo de Ministros, de la misma tarde del 14, presidido por el almirante Aznar, así lo había decidido, encargando para cumplirlo al Ministro de Marina almirante Rivera. Este nos cuenta que, al detenerse, pasado Aranjuez, el rey le preguntó: “¿Quién me ha empaquetado a mí para Cartagena? ¿Tú?” Rivera le contestó que sí. “¿A dónde Vamos después?” “Ya se lo diré a Vuestra Majestad.” Y le musitó al oído: “Marsella”.
“Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros -recordaba Antonio Machado- la primavera traía a nuestra República de la mano”. Y soñó con los niños cantando en corro: “La primavera ha venido / y don Alfonso se va. / Muchos duques le acompañan / hasta cerca de la mar. / Las cigüeñas de las torres / quisieran verlo embarcar”. Tras las elecciones municipales del domingo 12 de abril, los periodistas preguntaron: “¿Habrá crisis?” Y el almirante Aznar les respondió: “¿Qué más crisis quieren que la de un pueblo que se acuesta monárquico y se levanta republicano?”
José María Martínez Laseca
(14 de abril de 2016)