miércoles, 29 de julio de 2015

Fauna política

El siluro es un pez de agua dulce, procedente de los grandes ríos de Europa central: feo, grande y con bigotes. No es el pez más simpático del mundo, ya que resulta un “monstruo de río”. Introducido en España irresponsablemente,  lejos de su hábitat natural en aguas frías, su reproducción parece imparable. Así, los siluros se han adueñado del río Ebro, con tamaños de hasta 2,5 m. de largo y más de 90 kg. de peso.  Es, pues, un invasor, un voraz depredador que arrasa con la fauna autóctona de pececillos, barbos y truchas. Ahora, pescadores de Almazán denuncian su irrupción en el río Duero, lo que puede afectar gravemente a nuestras reservas de pesca.
Con ser este un problema importante, no es el tipo de fauna que más nos preocupa, sino la humana, dados sus comportamientos y actitudes. En la vida misma -cual en literatura los personajes-, las personas debieran definirse en  base a tres criterios: por lo que hacen, por lo que dicen y por lo que de ellas se dice. Así de los políticos. Si bien en lo de la cosa pública hay mucho de postureo patético e hipocresía. Abundan políticos que nada dicen -ni hablan, ni escriben-, que poco o nada hacen y que esperan, eso sí, que se hable de ellos. Aunque sea mal, por aquello de “échame pan y llámame perro”. Muchos demuestran no  pensar por sí mismos, ya que “cuando todos piensan igual nadie piensa nada” o, dicho de otro modo, uno piensa por todos y los demás le siguen como en una secta. La gente ha de implicarse en política, dado que la política que tú no haces se puede hacer en tu contra. Empero, un político tiene que ser algo más que mero político, o astuto “ganapán”, pues dicho cometido debiera ser algo circunstancial y no permanente.
De la diversidad de opiniones y del contraste de pareceres -las personas son respetables pero las opiniones son discutibles- es de donde brota la luz y surge el proyecto común de futuro. A pesar de quienes acostumbran a meter el dedo en el ojo ajeno o a hacer astillas del árbol caído de los vencidos, sin actuar nunca como contrapoderes. La misma vara de medir para todos y no plata para el amigo y para el discrepante palo. Sin excesos de azúcar, ni de vinagre. Como dice Luis García Montero: deberíamos estar alegres de la existencia de una prensa libre  que saque la basura a la calle.
José María Martínez Laseca
(23 de julio de 2015)



No hay comentarios :

Publicar un comentario